Porque Es Importante Que Se Cumplan Las Normas En Una Democracia?

La democracia es esencial para el desarrollo de nuestros municipios En el año 2007, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), estableció el 15 de septiembre como el Día Internacional de la Democracia, como una forma de exaltar la importancia universal de que los pueblos decidan, de manera libre, sus propios sistemas políticos, económicos, sociales y culturales, así como su plena participación en todos los aspectos de sus vidas.

  • El ejercicio de la democracia es el que mejor refleja los hábitos y costumbres cívicos de una sociedad, en la actualidad, esta práctica reclama la procuración de una experiencia política en la que la ciudadanía ejerza su derecho y tenga los conocimientos para tomar mejores decisiones.
  • La democracia es considerada como una forma de gobierno justa y conveniente para vivir en armonía.

En una democracia ideal la participación de la ciudadanía es el factor que materializa los cambios, por lo que es necesario que entre gobernantes y ciudadanos establezcan un diálogo para alcanzar objetivos comunes. En ese sentido, solamente con la participación efectiva, la voluntad, así como con la sinergia entre los tres órdenes de gobierno y la sociedad la democracia se puede tornar en una realidad ideal.

  • En México, contamos con un sistema electoral democrático, competitivo y plural.
  • Este sistema, sustentado en el principio básico de «una persona, un voto» permite que todas y todos tengamos la misma capacidad de incidencia frente a la política y ejerzamos de esta forma un control sobre el poder del Estado.

Al ser los gobiernos municipales los más cercanos a la ciudadanía, son quienes juegan un papel determinante para la alternancia política y la consolidación del ejercicio democrático. Los gobiernos locales fueron los principales promotores de la alternancia política, impulsaron su trayectoria en nuestro país hasta culminar con la alternancia en el gobierno federal.

A nivel estatal, la alternancia política se produjo en el estado de Baja California en el año de 1989, lo cual consolidó el proceso de competencia electoral en las regiones. Sin embargo, el proceso más relevante se dio con las controvertidas elecciones municipales de Chihuahua, celebradas a principios de los años ochenta.

A partir de este momento, las alternancias a nivel municipal comenzaron a modificar el mapa electoral en la República Mexicana. En el proceso electoral de este 2018, más de 56.6 millones de personas que acudieron a ejercer su derecho al voto, nuestro mapa político se modificó y en nuestros municipios así como en los congresos locales existirá una diversidad de partidos y coaliciones tomando decisiones.

Por tanto, es necesario que se garanticen procesos transparentes, participativos, inclusivos e imparciales para promover sociedades, justas, pacíficas e inclusivas.En ese sentido, los gobiernos municipales debemos fortalecer una democracia transparente y equitativa basada en los principios de certeza, legalidad, independencia, imparcialidad, máxima publicidad y objetividad; que fomente la participación ciudadana y en consecuencia contribuya al desarrollo democrático y sostenible de México.Síguenos en nuestras redes sociales.Twitter: Facebook:

: La democracia es esencial para el desarrollo de nuestros municipios

¿Qué importancia tiene el respeto de los derechos humanos en el funcionamiento de una democracia?

A primera vista, parece existir una tensión casi indisoluble entre los derechos humanos y la democracia, Los derechos humanos otorgan derechos a individuos, grupos y minorías como protección contra la mayoría. Por otra parte, democracia implica el gobierno de la mayoría.

¿Pueden, por lo tanto, ser reprimidos derechos y libertades individuales en nombre de la democracia y apelando a la soberanía del pueblo? ¿Son «antidemocráticos» los tribunales que cuestionan decisiones de las mayorías parlamentarias argumentando con los derechos humanos y la protección de las minorías? Con esa forma de contraponer la democracia a los derechos humanos, la mayoría a la minoría, tal como es practicada por regímenes autoritarios y propagado en parte bajo la etiqueta de democracia antiliberal, se ignora que la protección de los derechos humanos no es un obstáculo, sino una condición funcional de una democracia sostenible.

Los derechos humanos garantizan elecciones libres y justas en condiciones de igualdad política. Los derechos humanos garantizan una comunicación abierta y un proceso libre de formación de opinión. Los derechos humanos aseguran la aplicación de las decisiones tomadas democráticamente y hacen, por lo tanto, que el régimen democrático tenga efectividad.

  1. Por último, al limitar el poder de la mayoría, los derechos humanos permiten que los individuos y las minorías acepten las decisiones de la mayoría democráticamente legitimada: la democracia ofrece a la minoría la perspectiva de convertirse en mayoría.
  2. Los derechos humanos garantizan a los individuos que sus intereses serán protegidos, aunque no pertenezcan a la mayoría.

Del mismo modo que los derechos humanos tienen más posibilidades de prosperar en una democracia, un régimen democrá­tico sostenible es inconcebible sin el respeto, la protección y el cumplimiento de los derechos humanos. Los derechos humanos y la democracia no son antípodas, sino que se condicionan mutuamente para lograr el éxito de una comunidad política.

En su interacción, permiten al individuo llevar una vida autodeterminada individual y colectivamente. La protección y materialización de los derechos humanos es, por lo tanto, un proyecto genuinamente democrático. El Prof. Dr. Mehrdad Payandeh, experto en derecho internacional, es catedrático en la Bucerius Law School, Hamburgo.

Entre sus temas prioritarios se cuentan la protección de los derechos humanos, el derecho de mantenimiento de la paz y el derecho de la ONU. Payandeh fue elegido en 2019 miembro del Committee on the Elimination of Racial Discrimination (CERD). Es el primer experto alemán en ese importante órgano de supervisión de las Naciones Unidas desde 2002.

¿Qué son las leyes y las normas en la vida democrática?

Las leyes, las normas y la autorregulación son necesarias para fortalecer el Estado democrático de derecho porque propician un ambiente de respeto y tolerancia en la sociedad y contribuyen a una convivencia armónica en todos los niveles.

¿Qué condiciones deben existir para que la democracia sea respetada?

La democracia, como forma de vida, requiere del respeto de los derechos humanos y la práctica de los valores como libertad, justicia, igualdad y solidaridad.

¿Qué son los valores de la democracia y para qué sirve?

Para fortalecer nuestra #CulturaDemocrática es indispensable, como mexicanas y mexicanos, apropiarnos de características que nos ayuden a convivir en armonía. – Secretaría de Gobernación | 07 de marzo de 2016 Porque Es Importante Que Se Cumplan Las Normas En Una Democracia Estudiantes componen con diferentes carteles de color la bandera de México Los valores democráticos promueven nuestra convivencia como sociedad. Son características y cualidades que dirigen a nuestra sociedad para lograr que el proceso democrático se consolide y sea exitoso. Dentro de ellos encontramos:

HonestidadSolidaridadResponsabilidadPluralismoLibertadJusticia socialToleranciaIgualdadRespetoBien comúnLegalidadJusticiaParticipación

Tú, ¿cómo vives los valores democráticos? Participa en el fortalecimiento de nuestra #culturademocrática

¿Qué importancia tiene para la vida el cumplimiento de los derechos humanos?

La importancia de los Derechos Humanos #LuchaPorLosDDHH Secretaría de Gobernación | 07 de diciembre de 2017

En 1992, se creó en México la Comisión Nacional de Derechos Humanos, sentando las bases para combatir la desigualdad, la corrupción y la violencia en nuestro país.Los #DDHH están garantizados para toda la ciudadanía, sin distinciones; sin importar color, religión, inclinación política, sexo, lenguaje, origen social, preferencia sexual, color, nacionalidad, etc.Los Derechos Humanos son elementos esenciales en la vida de cualquier persona, pues fomenta su amplio desarrollo, brindándonos así garantías ante la justicia, libertad de religión, de vivir en un ambiente sano, de forma igualitaria; de vivir saludables y plenos.Es por ello, que es indispensable conozcas a fondo cuáles son tus derechos, en qué consisten y cómo puedes ejercerlos de forma libre.La defensa de los derechos humanos, nos convierte en protagonistas y vigilantes de los mismos, es una acción colectiva, un compromiso de transformación social, construyendo lazos que fomenten la participación ciudadana ejerciéndolos.

Así que, te invitamos a descargar las siguientes cartillas que fueron creadas con el propósito de darte a conocer tus derechos y de esta forma hacerlos tuyos cotidianamente. Recuérdalos, exígelos y compártelos. : La importancia de los Derechos Humanos #LuchaPorLosDDHH

¿Qué importancia tiene el cumplimiento de los derechos humanos en la sociedad?

Preguntas y respuestas sobre derechos humanos – Manual de Educación en los Derechos Humanos con jóvenes Pregunta: ¿Qué son los derechos humanos? Son derechos morales que cada persona en el mundo posee sencillamente en virtud del hecho de ser un ser humano.

Al reclamar nuestro derechos humanos, estamos haciendo un reclamo moral, por lo general ante nuestro propio gobierno, tú no puedes hacer eso, porque sería una violación de nuestra esfera moral y nuestra dignidad personal. Nadie, ninguna persona, ningún gobierno, puede quitarnos nuestros derechos humanos.

Pregunta: ¿De dónde vienen? Vienen del hecho de que no sólo somos seres físicos, sino también seres humanos morales y espirituales. Los derechos humanos son necesarios para proteger y preservar la humanidad de cada uno, a fin de garantizar que todas las personas puedan vivir una vida digna y una vida digna de un ser humano.

Pregunta: ¿Por qué los «deben» respetar todas las personas? Fundamentalmente, porque cada persona es un ser humano y, por tanto, un ser moral. La mayoría de los individuos, si se demuestra que están violando la dignidad de la persona, se de abstenerse. En general, la gente no quiere herir a otras personas.

Sin embargo, además de las sanciones morales de la propia conciencia y la de los demás, ahora existe legislación en la mayoría de los países del mundo que obliga a los gobiernos a respetar los derechos humanos fundamentales de los ciudadanos, incluso cuando pueden no estar dispuestos a hacerlo.

Pregunta: ¿Quien tiene derechos humanos? Absolutamente todas las personas. Los delincuentes, los jefes de estado, los niños, los hombres, las mujeres, los africanos, los americanos, los europeos, los refugiados, los apátridas, los desempleados, los empleados, los banqueros, los acusados de llevar a cabo actos de terrorismo, los dedicados a obras de caridad, los maestros, los bailarines, los astronautas Pregunta: ¿Incluso los delincuentes y los jefes de Estado?

Absolutamente todos. Los delincuentes y los jefes de Estado también son humanos. El poder de los derechos humanos reside en el hecho de que trata a todos como iguales en términos de posesión de la dignidad humana. Algunas personas pueden haber violado los derechos de los demás o pueden plantear una amenaza para la sociedad y por eso sus derechos se han limitado de alguna manera con el objeto de proteger a los demás, pero sólo dentro de ciertos límites.

  • Estos límites vienen definidos por el mínimo necesario para una vida humana digna.
  • Pregunta: ¿Por qué algunos grupos requieren una especial defensa de sus derechos humanos? ¿No significa esto que tienen más derechos que otros? No, algunos grupos, como los gitanos en Europa o Dalits y las castas en la India, han sufrido discriminación desde hace mucho tiempo en el seno de nuestras sociedades y es por ello que necesitan medidas especiales que les permitan acceder a las normas generales en materia de derechos humanos en igualdad de condiciones con los demás.

Años de discriminación institucional y de estereotipos, y de odio y de obstáculos, significan que sería una farsa limitarse a anunciar en general derechos aplicables a ellos esperando que esto sea suficiente para garantizar la igualdad. Pregunta: ¿Por qué hablar de derechos humanos y no de responsabilidades humanas? A pesar de que algunos pensadores y ONGs han presentado argumentos sólidos ante la necesidad de formalizar responsabilidades humanas y hasta códigos o declaraciones para articular estos, la comunidad de los derechos humanos en general ha sido reticente a este debate.

La razón es que muchos gobiernos hacen una «concesión» de los Derechos humanos según ciertas «obligaciones» impuestas por el Estado o gobernante, dejando de esta manera sin ningún sentido la idea de los derechos humanos como innatos. Sin embargo, por supuesto, debemos actuar de manera responsable como individuos y como grupos respetando los derechos de los demás, sin abusar de los derechos humanos y promoviendo los derechos de los demás y los nuestros mismos.

De hecho, el artículo 29 de la Declaración Universal reconoce que, «1. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad puesto que sólo ahí es posible el libre y pleno desarrollo de su personalidad.2. En el ejercicio de sus derechos y libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, el orden público y del bienestar general en una sociedad democrática».

  1. Pregunta: ¿Quién se ocupa de los derechos humanos? Todos necesitamos hacerlo.
  2. Existe una legislación tanto a nivel nacional como internacional que impone restricciones sobre lo que los gobiernos pueden hacer con sus ciudadanos, pero si no se les recuerda que sus acciones están violando las normas internacionales, los gobiernos pueden seguir con esta práctica.

Como individuos, debemos no solo respetar los derechos de los demás en nuestra vida cotidiana, sino también vigilar a nuestros gobiernos y a los demás. Los sistemas de protección están allí para que todos nosotros podamos utilizarlos. Pregunta: ¿Cómo puedo defender mis derechos? Intenta recordar que han sido violados, haz valer tus derechos.

Haz que la otra persona sepa que sabes que no tiene derecho a tratarte de esa manera. Identifica los artículos pertinentes de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otros documentos internacionales. Si existe una legislación en su propio país, apunta también a ella. Dáselo a conocer a los demás: a la prensa, escribe a tu representante parlamentario y jefe de Estado, informa a las organizaciones no gubernamentales que se dedican al activismo en favor de los derechos humanos.

Pídeles su opinión. Habla con un abogado, si tienes la oportunidad. Asegúrate de que el Gobierno sepa que estas actuando. Que se den cuenta que no vas a renunciar. Muéstrales el apoyo que puedes tener. En el análisis final, y si todo lo demás ha fallado, es posible que desees recurrir a los tribunales.

  • Pregunta: ¿Cómo puedo ir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos? La Convención Europea para la Protección de los derechos humanos y las Libertades Fundamentales contiene un procedimiento para las denuncias de particulares.
  • Sin embargo, hay fuertes requisitos de admisibilidad antes de que un caso pueda ser considerado.

Por ejemplo, tienes que asegurarte de que tu queja ha sido ya planteada ante los tribunales nacionales de tu país (hasta el más alto tribunal) antes de que puedas llevar el caso ante el Tribunal Europeo. Si deseas volver a intentarlo, y si consideras que cumple los requisitos de admisibilidad, puedes presentar tu caso.

Sin embargo, se recomienda encarecidamente solicitar asesoramiento jurídico o el de las organizaciones no gubernamentales que trabajan en ese campo, con el fin de confirmar que tu reclamación tiene posibilidades reales de éxito. Se consciente de que puede ser un proceso largo y complicado hasta tener una sentencia definitiva.

Pregunta: ¿A quién puedo reclamar mis derechos? Casi todos los derechos humanos básicos que se enumeran en los documentos internacionales son reclamaciones contra el Gobierno, o contra funcionarios del estado. Los derechos humanos protegen tus intereses contra el Estado, por lo que necesitas reclamar a este o a sus representantes.

Si sientes que tus derechos están siendo violados, por ejemplo, por tu jefe o vecino, no puedes recurrir directamente a la legislación internacional de derechos humanos a menos de que también haya algo que el gobierno del país pudiera haber hecho para evitar que los jefes o los vecinos se comportasen de esta manera.

Pregunta: ¿Alguien tiene el deber de proteger mis derechos? Sí. Un derecho no tiene sentido sin la correspondiente responsabilidad o deber por parte de alguien. Cada individuo tiene un deber moral de no violar su dignidad personal y su gobierno, con la firma de acuerdos internacionales, tiene no solo el deber moral sino también una obligación jurídica.

  • Pregunta: ¿Son los derechos humanos un problema solo en países no democráticos? No hay ningún país en el mundo que tenga un historial limpio en derechos humanos, incluso en la actualidad.
  • Las violaciones de los derechos humanos pueden ser más frecuentes en unos países que en otros o pueden afectar a una proporción mayor de la población, pero cada violación es un problema que no debería haber sucedido, y que debe ser tenida en cuenta.

Una persona cuyos derechos son violados en una de las democracias establecidas es muy poco probable que se consuele con el hecho de que, en general, su país tiene una «mejor» situación de derechos humanos que otros países del mundo. Pregunta: ¿Se han realizado algunos progresos para reducir las violaciones de los derechos humanos? Un gran avance, aunque a veces parezca una simple gota en el océano.

Considera la abolición de la esclavitud, el voto de la mujer, los países que han abolido la pena de muerte, la liberación de los presos de conciencia como resultado de la presión internacional, la caída del régimen del apartheid en Sudáfrica, los casos que han sido juzgados ante el Tribunal Europeo y las leyes que se han tenido que cambiar como consecuencia de ello.

Considera el hecho de que el cambio gradual en la cultura internacional significa que incluso los regímenes más autoritarios tienen ahora que tomar en consideración los derechos humanos con el fin de ser aceptados en el escenario internacional. Ha habido muchos resultados positivos, sobre todo en los últimos 50 años, pero aún queda mucho por hacer.

¿Qué importancia tienen las leyes y las normas para la sociedad?

¿Cómo nos ayudan las normas? – Las normas cumplen distintas misiones tanto a nivel colectivo como individual: Sirven para que funcione la sociedad Las normas tienen una gran importancia en el sistema social que hemos desarrollado. Gracias a ellas conseguimos que la convivencia de unos con otros sea posible y más llevadera.

Imaginemos si no un mundo sin normas de tráfico, lingüísticas o jurídicas por poner tres ejemplos. Regulan y guían el comportamiento Las normas ejercen control sobre la conducta de las personas. Al regular el comportamiento individual y hacer que cada persona no pueda comportarse como quiera se cuidan las necesidades de la propia sociedad.

Mantienen el orden social Las normas consiguen que un grupo amplio de humanos se mantenga unido sin que reine el caos. Obviamente, no van a hacer desaparecer los problemas de convivencia por completo pero al menos los regulan y hacen que la sociedad pueda seguir evolucionando.

  • Otorgan cohesión a la sociedad Gracias a las normas entendemos que formamos parte de un grupo y que aceptándolas y actuando de manera coordinada lo mantenemos unido.
  • Cuanto mayor sea la cohesión de un grupo más fácilmente éste podrá conseguir sus objetivos.
  • Los expertos señalan, además, que la percepción que tengamos de cómo acatan las normas las figuras de autoridad repercute en gran manera en cómo las cumpliremos los demás.

Ayudan a conseguir el autocontrol individual Cuando cumplimos las normas se potencia un mayor control de uno mismo y se crea un límite no solo social sino también individual. Acatar una norma no quiere decir que no podamos estar en desacuerdo con algunas de ellas por obsoletas o porque hayan perdido el sentido en determinados contextos.

¿Cuál es la importancia de respetar las leyes?

Respetar la ley, acatar las resoluciones judiciales nos hace mejores como sociedad, y si no estamos de acuerdo se deben ocupar los medios legales para ello, con argumentos reales y verdaderos sustentados en medios de prueba y no simples percepciones personales y subjetivas.

¿Cuáles son los valores fundamentales de la democracia?

Con respecto a los gobernados Presentación LA COLECCIÓN Cuadernos de Divulgación de la Cultura Democrática, cuyo primer número ahora presentamos, representa un testimonio de la vocación y compromiso democráticos que caracterizan al Instituto Federal Electoral.

A través de su Dirección Ejecutiva de Capacitación Electoral y Educación Cívica, el Instituto ha convocado a distinguidos especialistas de nuestro país, cuyo prestigio y conocimientos son ampliamente reconocidos, para que a través de los textos de esta colección expliquen, de forma clara y didáctica, los principios, valores, instituciones y procesos que fundamentan la experiencia democrática.

En una época como la nuestra, en la cual se afianzan las prácticas e instituciones democráticas, no pueden dejar de afirmarse y difundirse las razones que amparan una política abierta, plural y participativa. En efecto, la democracia se defiende con razones y necesita, para consolidarse en el presente y proyectarse al futuro, una amplia difusión de la información necesaria para fortalecer el compromiso racional de la ciudadanía con su vigencia y profundización.

En México, se construye colectivamente la experiencia de nuestra modernización política. En ella concurren las fuerzas que legítimamente expresan la pluralidad y riqueza sociales del país. Transitar en la democracia hacia instituciones y procesos políticos más inclusivos e integradores es el rasgo que caracteriza al actual espacio público de México.

La divulgación de la cultura política democrática, a la que esta colección pretende contribuir, no sólo es una responsabilidad legal del Instituto Federal Electoral, sino también, y sobre todo, la expresión de un verdadero compromiso por enriquecer y consolidar la convivencia social de los mexicanos.

  • La importancia y variedad de los temas, el prestigio de los autores, y el respeto a sus ideas expresadas con absoluta libertad, son elementos que coadyuvan a que este programa editorial cumpla con los fines propuestos.
  • Es deseable que a la amplia circulación contemplada para esta colección corresponda una respuesta positiva de sus lectores.

La democracia requiere información y diálogo razonados. Con estos cuadernos, el Instituto Federal Electoral contribuye a cumplir tal requerimiento. Instituto Federal Electoral CÓMO DEBE organizarse políticamente una sociedad moderna? Cuál es la fórmula capaz de ofrecer cauce productivo a la pluralidad de intereses, concepciones, ideologías que se expresan en una sociedad compleja y diferenciada? Cómo vivir en sociedad respetando la diversidad política? Cómo pueden coexistir y competir fuerzas políticas que tienen idearios y plataformas no sólo diferentes sino en ocasiones contrarias? Las diferencias políticas indefectiblemente tienen que acarrear comportamientos guerreros y aspiraciones de aniquilamiento del contrario? Es posible la gobernabilidad ahí donde conviven concepciones ideológicas distintas? Pueden conjugarse estabilidad y cambio, paz social y competencia política? Sin duda, las anteriores son preguntas que han preocupado no sólo a estadistas y políticos, sino a académicos, periodistas y ciudadanos comunes y comentes que aspiran a ofrecer un marco normativo e institucional para la expresión, recreación y competencia de la pluralidad política que necesariamente marca a cualquier sociedad moderna, y que al mismo tiempo quieren contar con un gobierno representativo, estable y eficiente.

  • La posibilidad de convivencia y competencia civilizada y de una institucionalidad estatal capaz de representar y procesar los intereses de la sociedad la ofrece la fórmula de gobierno democrática.
  • Por fortuna, hoy por hoy no existe en el país fuerza política significativa que no afirme estar comprometida con ese ideal.

Se trata, sin duda, de una conquista reciente, que nunca está de más aquilatar, aunque prácticas recurrentes puedan poner en duda el compromiso real que con la democracia tienen algunos actores políticos y sociales. Si se leen o escuchan los discursos que emanan de las más distintas formaciones políticas se podrá encontrar, sin demasiada dificultad, una constante: todos y cada uno de ellos hacen una profesión de fe democrática y dicen estar comprometidos con esa fórmula de organización política.

El ideal democrático se ha traducido en los últimos años en largas e importantes discusiones en torno a los aspectos procedimentales de la democracia. Debates y acuerdos en relación a la organización electoral, los derechos y obligaciones de los partidos, los cómputos comiciales, la calificación de las elecciones, etcétera, se han colocado, y con razón, en los primeros lugares de la agenda política del país.

Se trata, sin duda, de una dimensión pertinente porque la democracia para existir requiere de normas, procedimientos e instituciones que la hagan posible. Junto a ese debate, en ocasiones en forma paralela y en otras de manera conjugada, se ha discutido en torno a los haberes y fallas de nuestra institucionalidad republicana, porque la democracia supone además un entramado institucional que acaba por modelarla o desfigurarla.

Así, temas como el del equilibrio o desequilibrio entre los poderes, las relaciones entre la federación, los estados y los municipios, o el funcionamiento del Poder Judicial se han ventilado en innumerables ensayos. No obstante, y podría parecer paradójico, muy poco se ha escrito en nuestro país sobre los valores que ofrecen sentido y horizonte a la propia democracia.

Es decir, sobre los presupuestos éticos y políticos que permiten considerar como superior a otras a esa fórmula de gobierno y organización política. Porque a fin de cuentas todos los sistemas políticos tienen una serie de valores implícitos que son los que permiten aventurar un juicio sobre su pertinencia y deseabilidad.

Cuando se participa en los complicados procedimientos de la democracia moderna no siempre resulta claro el sentido de los mismos. Se observan las campañas de los partidos y sus candidatos, se escuchan sus discursos, sus propuestas y sus debates, se asiste a las casillas, se vota, y eventualmente se siguen los procesos de cómputo, las impugnaciones y la calificación de los comicios.

Todo ello permite tener un conocimiento más o menos aproximado de las reglas del juego democrático codificadas en las leyes electorales, así como formarse una opinión acerca de su buen o mal funcionamiento. No obstante, la propia complejidad de los procedimientos mencionados y la propia intensidad que con frecuencia adquieren las competencias partidistas, en ocasiones tienden a oscurecer los principios y valores básicos en que se sustenta la propia democracia.

Ocurre así que los participantes en las elecciones -los ciudadanos, pero también los funcionarios electorales y los propios candidatos- desconocen el significado profundo de sus acciones, lo que no sólo se traduce en indiferencia hacia las mismas sino, lo que es más grave, en una potencial perversión de su sentido original.

En esta perspectiva, puede ser conveniente reconsiderar brevemente no ya las leyes y técnicas electorales, o su funcionamiento más o menos adecuado, sino las razones de fondo que les dan sentido político y moral, es decir, los principios y valores universales de la democracia moderna.

  1. Ello permitirá no sólo comprender mejor el significado de los comicios y sus resultados, sino también evaluarlos con mayor objetividad y saber qué se puede y qué no se puede esperar de los mismos.
  2. La participación será entonces más consciente, más informada, más responsable y, con ello, como se verá, más democrática.

El siguiente texto intenta solamente hacer visibles y explícitos los pilares valores a partir de los cuales creemos adquieren pleno sentido las discusiones procedimentales, institucionales y coyunturales en torno a la democracia. Al observar esa dimensión de la democracia -que en buena medida se mantiene en el terreno ideal- es posible aquilatar muchas de sus bondades que, de otra forma, o no se aprecian o se piensa que son universales, cuando realmente corresponden en exclusiva a una forma específica de gobierno: la democracia.

See also:  Quien Hace Las Normas Internacionales De Los Derechos Humanos?

De la Soberanía Popular a la Democracia

1.1. EL IDEAL CONSTITUTIVO DE LA DEMOCRACIA: LA SOBERANÍA POPULAR De acuerdo con su significado original, democracia quiere decir gobierno del pueblo por el pueblo. El término democracia y sus derivados provienen, en efecto, de las palabras griegas demos (pueblo) y cratos (poder o gobierno).

  • La democracia es, por lo tanto, una forma de gobierno, un modo de organizar el poder político en el que lo decisivo es que el pueblo no es sólo el objeto del gobierno lo que hay que gobernar sino también el sujeto que gobierna.
  • Se distingue y se opone así clásicamente al gobierno de uno la monarquía o monocracia o al gobierno de pocos -la aristocracia y oligarquía.

En términos modernos, en cambio, se acostumbra oponer la democracia a la dictadura, y más generalmente, a los gobiernos autoritarios. En cualquier caso, el principio constitutivo de la democracia es el de la soberanía popular, o en otros términos, el de que el único soberano legítimo es el pueblo.

Para entender este principio conviene aclarar, primero, el significado de la palabra soberanía. En el desarrollo de las complejas sociedades nacionales modernas surgió la necesidad de contar con un poder centralizado, capaz de pacificar y someter dentro de un territorio determinado tanto a los poderes ideológicos -iglesias, universidades, medios de comunicación, etc.- como a los poderes económicos -grupos financieros, empresariales, corporaciones, etc.

– mediante la monopolización de la violencia legítima. Emergió así el Estado político moderno como instancia de defensa de la unidad nacional tanto frente a las amenazas externas como a los peligros internos de disgregación. Para ello dicha instancia tuvo que afirmar su poder como poder soberano, es decir, superior políticamente al de cualquier otro poder, tanto externo como interno.

Empero, la configuración de una instancia de tal naturaleza sólo podía tener sentido si se evitaba que su poder fuera arbitrario o abusivo, Por ello, el Estado moderno hubo de configurarse como Estado de derecho, es decir, como un poder encargado de elaborar y hacer cumplir las leyes, pero también un Estado sujeto a las propias leyes establecidas.

La soberanía del Estado, del poder político, se transformó así en soberanía de la legalidad, donde las propias instituciones estatales se encuentran jurídicamente limitadas en sus competencias y atribuciones. Con este fin se desarrolló la técnica de la división de los poderes en Ejecutivo, Legislativo y Judicial, de tal manera que se evitara tanto la concentración como la extralimitación o abuso del poder.

  • Al distinguirse al menos tres funciones del Estado en instancias diferentes, cada una debe servir para controlar y evitar los potenciales abusos de las demás.
  • Sin embargo, dicho control del gobierno por el gobierno sólo pudo consolidarse mediante la democratización de la soberanía estatal, esto es, mediante la sustentación del imperio de la legalidad en la soberanía popular.

Básicamente ello significa que el poder supremo, el poder soberano, sólo puede pertenecer legítimamente al pueblo, y que es éste y nadie más quien debe elaborar, modificar y establecer las leyes que organizan y regulan tanto el funcionamiento del Estado como el de la sociedad civil.

  1. De esta manera, el Estado nacional propiamente moderno desemboca progresivamente en Estado soberano, constitucional y democrático, entendiéndose que soberanía, constitucionalidad y democracia son dimensiones esenciales que deben apoyarse recíprocamente.
  2. O, en otras palabras, que la afirmación del principio de la soberanía popular requiere de un Estado capaz de afirmarse como poder superior, como poder legal y como poder representativo de la voluntad popular.

Por eso un Estado que se ve sometido a poderes externos o internos de cualquier naturaleza, o uno que no puede cumplir y hacer cumplir las leyes, o uno que no logra representar legítimamente la voluntad del pueblo no es, por definición, un Estado que encarne efectivamente el principio de la soberanía popular.

Cuando se dice entonces que el pueblo es soberano se quiere decir que la fuente última de todo poder o autoridad política es exclusivamente el pueblo; que no existe, por ende, ningún poder, ninguna autoridad por encima de él, y que la legalidad misma adquiere su legitimidad por ser expresión en definitiva de la voluntad popular.

Nótese bien que lo decisivo para el principio democrático no es, como en ocasiones se pretende, que se gobierne para el pueblo, para su beneficio y bienestar: gobiernos autoritarios y dictatoriales pueden, de hecho, pretender hacerlo así; y gobiernos democráticamente configurados, en cambio, pueden desarrollar políticas que se revelan contrarias a esos supuestos beneficio y bienestar. 1.2. CÓMO PUEDE GOBERNAR EL PUEBLO? Lo anterior suscita de inmediato una pregunta: cómo es posible que se realice la soberanía popular, es decir, el gobierno por el pueblo’?, pregunta que remite a una cuestión previa, para nada ingenua: quién es el pueblo soberano, el pueblo que gobierna’? Buena parte de los debates acerca de la democracia se relacionan con la manera en que se entienden los términos pueblo y popular pues, en los hechos, estos términos son abstracciones, es decir, conceptos generales que no se refieren a objetos empíricos, sino a colectivos relativamente convencionales.

Así, en la teoría de la democracia la categoría de pueblo gobernante ha tenido muy diversos significados que nunca han coincidido con el conjunto de los habitantes de una sociedad determinada. es decir, con el pueblo gobernado. De esta manera, cuando en las sociedades democráticas modernas se habla del pueblo soberano, esta expresión se refiere exclusivamente al conjunto de los ciudadanos, es decir, de los hombres y mujeres que gozan de derechos políticos y que pueden, por consiguiente, participar de un modo o de otro en la constitución de la voluntad política colectiva.

Más adelante se volverá sobre estos derechos y sus presupuestos. Ahora sólo importa destacar que, así definidos, los ciudadanos que forman el pueblo gobernante o soberano siempre son menos que los simples habitantes o miembros de una población. Aun si hoy en día la extensión de los derechos ciudadanos abarca a las mujeres y a los jóvenes mayores de 18 años, quedan todavía fuera los menores de esa edad, los extranjeros, así como los que ven suspendidos tales derechos a causa de la comisión de algún delito.

Pero en la práctica no sólo se encuentran excluidos estos grupos. También lo están de facto todos aquellos que por circunstancias económicas, sociales o culturales son incapaces, parcial o totalmente, de ejercer los derechos políticos antes mencionados. Y, finalmente, también quedan al margen los que por voluntad propia y cualesquiera que sean sus motivos deciden no participar en los procedimientos democráticos.

Es claro, por consecuencia, que aun en el caso de una amplia extensión de los derechos políticos los ciudadanos, es decir, los miembros del pueblo soberano, serán siempre menos que los miembros del pueblo gobernado. Por otra parte, como ya se señaló, el pueblo no es una entidad orgánica ni una especie de espíritu colectivo, sino que es solamente el conjunto de ciudadanos distributivamente considerados, es decir, de ciudadanos tomados en tanto individuos libres e iguales, haciendo abstracción tanto de su papel socioeconómico como de sus capacidades e identidades culturales.

No se trata, entonces, de ver al pueblo como a una unidad preconstituida, sustancial, sino como el efecto y la condición de las propias reglas del juego democrático, según las cuales cada ciudadano cuenta por uno, y nunca por más de uno, independientemente de su sexo, posición económica, situación cultural o identidad religiosa.

Siendo éste el demos, el pueblo soberano de la democracia, se entiende que su gobierno sólo puede realizarse indirectamente, a través de una serie de mediaciones y procedimientos que traducen en términos prácticos el principio de la soberanía popular.

En efecto, la democracia directa, o lo que es lo mismo, el autogobierno estricto del pueblo por el pueblo, sólo es posible o bien en sociedades sumamente pequeñas y no diferenciadas, o bien reduciendo a una muy estrecha minoría los derechos ciudadanos, esto es, restringiendo el demos a un sector muy limitado de la población Ambas condiciones se daban en algunas sociedades premodernas, como la antigua Atenas, o en ciertas repúblicas italianas del Renacimiento, pero la evolución moderna las ha vuelto inviables e indeseables.

Las sociedades modernas no solo son demasiado grandes y complejas, también son sociedades de masas, en las que la categoría de pueblo soberano, del demos, abarca de hecho a millones de personas. Cómo entonces puede ser posible el gobierno del pueblo así entendido’? Cómo puede la participación de millones de individuos transformarse en una voluntad política relativamente unitaria, capaz de gobernar y orientar el desarrollo de la sociedad’? La respuesta a este problema se encuentra en otros dos principios de la democracia moderna: el principio de la mayoría y el principio de la representación. 1.3. EL PRINCIPIO DE LA MAYORÍA Y LA DEFENSA DE LOS DERECHOS DE LAS MINORÍAS El poder político en las sociedades se encarga de gobernar, es decir, de tomar decisiones que conciernen y afectan la vida de todos sus integrantes. Ahora bien, cuando las sociedades son grandes y complejas surge el problema de cómo unificar intereses y opiniones no sólo diferentes sino también, con frecuencia, contrarios.

Dado que no es posible que este pluralismo contradictorio de intereses y opiniones sea superable absolutamente y que, de pronto, todos estén de acuerdo en lo que debe hacerse políticamente, es necesario que existan procedimientos que permitan unificar democráticamente a los ciudadanos y tomar decisiones públicas legítimas.

Uno de estos procedimientos es el que se basa en el principio de la mayoría, que básicamente postula que, en ausencia de unanimidad, el criterio que debe guiar la adopción de las políticas y las decisiones es el de la mayoría de los participantes. Si el pueblo entonces no puede ponerse de acuerdo de manera unánime será necesario que sea su mayoría la que determine el curso a seguir.

  1. Bien podría decirse, entonces, que el pueblo gobernante es solamente su parte mayor.
  2. Pero de hecho esto no es para nada exacto.
  3. En primer lugar porque la mayoría que decide no es ni debe interpretarse como una mayoría orgánica o sustancial, sino la mayoría contingente y temporal que resulta de un procedimiento de votación especifico.

En otras palabras, las reglas del juego democrático presuponen que las decisiones se toman por mayoría, pero también que la mayoría puede cambiar. De ahí que se requiera de votaciones sistemáticas y repetidas, en las que los ciudadanos puedan optar por diversas alternativas, configurando así mayoría y minorías diferentes.

Por ello, el hecho de que una alternativa obtenga el mayor número de votos en un momento determinado en modo alguno le asegura que en la siguiente votación lo volverá a lograr. Además, la propia regla de la mayoría exige el reconocimiento de la necesidad y legitimidad de la existencia de minorías y, por consiguiente, de sus derechos, empezando por el de convertirse en una nueva mayoría.

Lo anterior explica que los procedimientos democráticos sean incompatibles con una presunta dictadura de la mayoría: ésta no sólo es excluida por la naturaleza temporal e inestable de cualquier mayoría democrática, sino también porque no existe mayoría sin minorías.

  • Sin estas últimas, en efecto, la propia legitimidad del gobierno de la mayoría pierde sustento y deja de tener sentido democrático, es decir, de expresar la voluntad popular.
  • De esta manera, la regla de la mayoría exige la participación de las minorías en la elaboración, aprobación y aplicación de las políticas.

Siendo estas minorías un elemento esencial de la voluntad popular y de la legitimidad democrática, no sólo tienen derecho a existir y a tratar de convertirse en nuevas mayorías, sino también a influir en las decisiones públicas y en su control. En otras palabras, el gobierno o poder de la mayoría sólo adquiere legitimidad democrática estricta cuando reconoce e incluye los derechos y la participación de las minorías.

  1. Si estas últimas se vieran excluidas totalmente, optarían por retirarse haciendo perder sentido, como es evidente, a la propia regla de la mayoría.
  2. De ello deriva que los gobiernos propiamente democráticos no sólo se basen en votaciones, sino también en negociaciones, compromisos y políticas concertadas.

La presencia de las minorías, siendo esencial, adquiere así todo su significado en tanto interlocutores influyentes, legales y legítimos, de la mayoría gobernante. La discusión y la concertación de compromisos son, por ello, una dimensión consustancial e irrenunciable de la democracia moderna, que exige que la política sea concebida como una competencia pacífica entre adversarios que se reconocen legitimidad recíprocamente, y no como una lucha a muerte entre enemigos irreconciliables pues, como resulta evidente, mayoría y minorías han de estar de acuerdo, al menos, en dirimir sus diferencias democráticamente, es decir, apelando a la voluntad popular como criterio decisivo y renunciando, por lo tanto, a recurrir a la violencia o al fraude para imponer sus opiniones y/o intereses. 1.4. EL PRINCIPIO DE LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA DEMOCRATICA Las tareas gubernamentales -la elaboración, discusión e implantación de políticas públicas- suponen hoy día un alto grado de complejidad y especialización. Los gobiernos contemporáneos tienen que tomar constantemente decisiones de acuerdo con circunstancias cambiantes, asumiendo responsabilidades por las mismas y evaluando sus resultados.

  1. Todo ello vuelve inviable, e incluso indeseable, la participación permanente de la ciudadanía en su conjunto, que no sólo desconoce generalmente la complejidad de los problemas en cuestión sino que, por razones evidentes, no puede dedicarse de tiempo completo a las tareas de gobierno.
  2. Un Estado que por incrementar la democracia pretendiera poner a discusión y votación del pueblo todas y cada una de las medidas a tomar no sólo caería en políticas incoherentes y contradictorias, sino que también se volvería intolerable para el buen funcionamiento de la sociedad al exigir de los ciudadanos una dedicación total en las cuestiones públicas.

Por ello, la democracia moderna sólo puede ser representativa, es decir, basarse en el principio de la representación política. El pueblo -los ciudadanos en su conjunto- no elige de hecho, bajo este principio, las políticas a seguir, las decisiones a tomar, sino que elige a representantes, a políticos, que serán los responsables directos de tomar la mayoría de las decisiones.

  • Ello no anula, por supuesto, la posibilidad de que en algunos casos excepcionales (la aprobación de una ley fundamental o de una medida extraordinaria) se pueda recurrir a un plebiscito, es decir, a una votación general para conocer la opinión directa de la ciudadanía.
  • No obstante, debieran ser evidentes las limitaciones de un procedimiento que, por naturaleza, excluye la complejidad de los problemas así como la necesidad de discutir ampliamente las políticas a seguir, y que sólo puede proponer alternativas simples a favor o en contra.

De esta manera, la selección y elección democrática de los representantes y funcionarios se convierte en un momento esencial de la democracia moderna. Por ello, buena parte de las reglas del juego democrático tiene que ver con las instancias, formas y estrategias relacionadas con los procesos electorales, pues es en estos procesos donde el pueblo soberano, la ciudadanía activa, hace pesar directamente su poder (sus derechos políticos) mediante el voto.

  • Es en ellos, además, donde cada individuo, independientemente de su sexo, posición social o identidad cultural, puede expresar libremente sus preferencias políticas, en el entendido de que ellas valdrán exactamente lo mismo que las de cualquier otro individuo.
  • Es evidente, sin embargo, que en sociedades donde votan millones de personas la elección de representantes y gobernantes no puede hacerse sin mediaciones, so pena de una inmanejable dispersión de los sufragios.

Es por ello que la democracia moderna requiere de la formación de partidos políticos, de organizaciones voluntarias especializadas precisamente en la formación y postulación de candidatos a los puestos de elección popular. Los partidos son, por lo tanto, organismos indispensables para relacionar a la sociedad civil, a los ciudadanos, con el Estado y su gobierno, en la medida en que se encargan justamente de proponer y promover programas de gobierno junto con las personas que consideran idóneas para llevarlos a la práctica.

Ahora bien, el sufragio sólo puede tener sentido democrático, sólo puede expresar efectivamente los derechos políticos del ciudadano, si existen realmente alternativas políticas, es decir, si existe un sistema de partidos plural, capaz de expresar, articular y representar los intereses y opiniones fundamentales de la sociedad civil.

Es mediante las elecciones, entonces, que el pueblo soberano, los ciudadanos, autorizan a determinadas personas a legislar o a realizar otras tareas gubernamentales, constitucionalmente delimitadas, por un tiempo determinado. Con ello el pueblo delega en sus representantes electos la capacidad de tomar decisiones, en el entendido de que una vez transcurrido el lapso predeterminado podrá evaluar y sancionar electoralmente el comportamiento político de los mismos.

  1. De esta manera, a pesar de las mediaciones y a través de ellas, se asegura que sea la soberanía popular la fuente y el origen de la autoridad democráticamente legitimada.
  2. La democracia moderna es, en suma, un conjunto de procedimientos encargados de hacer viable el principio fundamental de la soberanía popular, el gobierno del pueblo por el pueblo.

Se trata, por ende, de una democracia política, en la medida en que es básicamente un método para formar gobiernos y legitimar sus políticas. Se trata de una democracia formal, porque como método es independiente de los contenidos sustanciales, es decir, de las políticas y programas concretos que las diversas fuerzas políticas promuevan.

  1. Y se trata, además, de una democracia representativa, por cuanto la legitimidad de dichos gobiernos y políticas debe expresar la voluntad de los ciudadanos o, por lo menos, contar con el consenso explícito de los mismos.
  2. Así definida, la democracia moderna ha de entenderse como una democracia procedimental o formal, como un método y no como una política o programa de gobierno particular que pueda identificarse con tal o cual partido, con tal o cual ideología política.

La democracia no debe verse, por lo tanto, como una solución de los problemas que aquejan a una sociedad, ni como una varita mágica que posibilite la superación de todas las dificultades. Como método, la democracia moderna sólo es capaz de enfrentar un problema -aunque ciertamente se trata de un problema crucial: el de cómo formar gobiernos legítimos y autorizar programas políticos.

O, en otras palabras, los procedimientos democráticos sirven no para resolver directamente los problemas sociales, sino para determinar cómo deben plantearse, promoverse e implantarse las políticas que pretendan resolver esos problemas. Importa subrayar este punto, pues no pocas veces se genera la ilusión de que la sola democracia va a permitir la superación de todas las dificultades y conflictos.

Ilusión que no sólo provoca desencantos ulteriores, sino que oscurece además la necesidad de que tanto los ciudadanos, como los partidos y representantes, elaboren y promuevan democráticamente verdaderas soluciones para los problemas sociales existentes. 1.5. LOS VALORES DE LA DEMOCRACIA MODERNA La democracia moderna, como se ha visto, es ante todo un método, un conjunto de procedimientos para formar gobiernos y para autorizar determinadas políticas. Pero este método presupone un conjunto de valores éticos y políticos que lo hacen deseable y justificable frente a sus alternativas históricas el autoritarismo o la dictadura.

Estos valores, a su vez, son el resultado de la evolución de las sociedades modernas, y pueden y deben justificarse racionalmente, mostrando por qué son preferibles y cómo pueden realizarse institucionalmente, lo que significa que no se trata de meras cuestiones de gusto que como es sabido son individuales y subjetivas- sino de cuestiones que pueden y deben debatirse pública y racionalmente, proponiendo argumentos razonables, tanto para entender sus características como para mejorar sus realizaciones.

Tres son los valores básicos de la democracia moderna y de su principio constitutivo (la soberanía popular): la libertad, la igualdad y la fraternidad. Para comprenderlos adecuadamente conviene considerarlos analíticamente, para después examinar sus relaciones de conjunto. 1.5.1. Las libertades democráticas Qué significa ser libre en el contexto de nuestras sociedades complejas? Existen al menos dos sentidos decisivos de libertad: el primero remite a la posibilidad de actuar sin interferencias ni amenazas. En este sentido, por libertad se entiende que cada individuo goza del derecho a realizar determinadas actividades sin que nadie -ni el gobierno, ni organización social alguna, ni algún otro individuo se lo impida.

Por ejemplo, todo ciudadano es libre de asistir a la iglesia de su preferencia, de trabajar en tal o cual empleo, de formar una familia, de votar por un partido, etc. Su libertad así entendida puede verse como la posibilidad de elegir entre diversas alternativas sin verse sujeto a sanciones, amenazas o impedimentos; es, por ende, una libertad frente a los demás y frente a las instituciones sociales y políticas.

Naturalmente, no se trata ni puede tratarse de una libertad absoluta o ilimitada. La libertad de cada ciudadano se ve limitada, por un lado, por la necesidad -ésta si absoluta- de no afectar la libertad de los demás: nadie puede ser libre de someter o restringir la libertad de los otros, pues tal cosa es precisamente lo que caracteriza a los sistemas antidemocráticos: el que uno o algunos pretendan ser libres para oprimir o despojar de su libertad a la mayoría.

  1. Que un individuo pretenda desarrollar actividades que anulan o limitan las libertades de sus conciudadanos -por ejemplo, coaccionarlos para que asuman determinada creencia religiosa, o para que voten por un cierto partido- debe prohibirse en cualquier Estado democrático.
  2. Por otra parte, la libertad así entendida también se ve limitada fácticamente por la mayor o menor cantidad de opciones existentes.

Si, por ejemplo, sólo existe un determinado tipo de producto, o sólo un partido político, mi libertad se reduce a la alternativa de comprarlo o no, o de votar o abstenerme. Es evidente, pues, que la libre realización de actividades depende de la existencia de oportunidades, es decir, de condiciones reales para llevarlas a efecto.

Por eso, buena parte del esfuerzo de las sociedades modernas está dirigido a ampliar tales oportunidades, a promover alternativas legitimas de acción social, a extender las posibilidades de realización de los individuos. Así entendida, la libertad se institucionaliza en una serie de derechos o libertades específicas: de pensamiento, de expresión, de asociación, de reunión, de tránsito, de empleo, de religión, etc.

Se trata de los célebres derechos del ser humano en tanto ser humano, que constituyen la base real de la ciudadanía moderna, es decir, del individuo como sujeto fundamental del orden democrático. En ocasiones se llama a estos derechos libertades formales, debido a que se refieren a condiciones puramente procedimentales, haciendo abstracción de capacidades y condiciones concretas.

También se les denomina libertades negativas, enfatizando que se es libre frente a los demás, en relación con posibles interferencias negadas. Pero quizá lo más exacto sea decir que son derechos en los que se salvaguarda la posibilidad de cada persona de elegir su forma de vida, de elaborar y desarrollar libremente sus planes privados y particulares.

Existe, sin embargo, un segundo sentido de la libertad democrática según el cual ésta significa capacidad de autogobernarse o autodeterminarse y, por lo tanto, de asumir como legítimas sólo las obligaciones y vínculos que cuenten con su aprobación tácita o explícita.

Aunque relacionado con la acepción anterior, este sentido de la libertad supone el derecho de cada individuo de participar en la elaboración y adopción de las decisiones colectivas que le conciernen y, por consiguiente, de ser ciudadano políticamente activo. Puede decirse, entonces, que este derecho de autodeterminación de los seres humanos es lo que sostiene el principio democrático fundamental de la soberanía popular.

En efecto, la propia idea de que el pueblo debe autogobernarse se basa en el valor de que nadie tiene derecho a someter a los demás y de que, por lo tanto, la única autoridad legítima es la que deriva del consenso expreso, de la participación activa de todos los ciudadanos que forman el pueblo soberano.

Sólo se es libre en este sentido cuando se participa de un modo o de otro en la formación de los gobiernos y autoridades, y en la elaboración y aprobación de las políticas, pues sólo así puede decirse que al obedecer a las leyes y a las autoridades constituidas cada uno se obedece a sí mismo, y no a un poder externo y ajeno.

La libertad como participación en las decisiones políticas, la libertad ciudadana en sentido estricto, implica, pues, el derecho, pero también el compromiso ético y político de participar, so pena de que esas decisiones aparezcan como impuestas e ilegítimas.

Como en el caso anterior, también la libertad en tanto participación se desarrolla como una serie de derechos o libertades políticas particula1res: de pensamiento, reunión, asociación, manifestación, sufragio, etc., en la medida en que tales actividades se proponen fines propiamente políticos, es decir, concernientes al gobierno y orientación de la sociedad en su conjunto.

Por ello, para ser democráticas, la afiliación a un partido, la participación como votante o como candidato, la convocatoria a un mitin o a cualquiera otra actividad política deben ser libres, es decir, respetar incondicionalmente la voluntad de los individuos en tanto ciudadanos libres.

Cualquier método que coarte o limite dicha voluntad, cualquier coacción sobre los ciudadanos, pervierte radicalmente el sentido democrático de los procedimientos electorales al cancelar el valor fundamental de las libertades ciudadanas. Por supuesto, tampoco en este sentido la libertad puede ser absoluta o ilimitada.

En los hechos, como ya hemos visto, la posibilidad de la participación ciudadana siempre es limitada por la naturaleza misma de nuestras sociedades, y también por las necesidades y preferencias de los propios individuos. Por ello, para la mayor parte de los habitantes de la sociedad, la libertad así entendida se reduce a su participación en los procesos electorales como votantes más o menos informados, y como observadores y evaluadores de las propuestas partidistas.

  • De ahí la importancia central, para la democracia, de una ciudadanía informada y consciente de su papel, capaz de dar realmente sustancia y realidad al derecho supremo de la autodeterminación de los individuos.
  • Para terminar con este apartado sobre la libertad como valor básico de la democracia moderna conviene referirse a dos temas importantes: al de su relación con el principio de la legalidad y al de sus implicaciones ético-políticas.

La libertad democrática nada tiene que ver con la anarquía -ausencia de autoridad o de poder político- ni con la anomia -ausencia de orden o de normas-, es libertad dentro y para la convivencia socialmente organizada: es libertad para perseguir ciertos fines colectivos ordenada y pacíficamente.

  1. Por eso, esta libertad no sólo no puede oponerse a la vigencia de la legalidad.
  2. De las normas legítimamente establecidas, sino que sólo puede realizarse a través de la misma.
  3. Siendo las leyes reglas generales de comportamiento establecidas a través de procedimientos democráticos, obedecerías es una condición indispensable de la afirmación democrática, pues fuera de ellas, o en contra de ellas, sólo existe la afirmación de poderes discrecionales, de actitudes arbitrarias, es decir, la cancelación de la libertad de todos en beneficio de los privilegios de unos pocos.
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Pero la libertad democrática no sólo supone apego estricto a la legalidad, sino también sentido de responsabilidad, tanto por parte de los ciudadanos como por parte de los partidos, dirigentes y candidatos. Responsabilidad, en primer lugar, para reconocer la necesidad de la autolimitación, es decir, de la capacidad que todos los participantes han de desarrollar para reconocer la legitimidad de intereses diferentes, e incluso opuestos, y para evitar abusar de determinados derechos o posiciones.

Responsabilidad, en segundo lugar, para hacerse cargo de los costos y las consecuencias de sus propias acciones, así como para asumir una perspectiva pública y no particularista de los problemas sociales. Y responsabilidad, finalmente, para asumir consecuentemente las obligaciones derivadas de los pactos, compromisos y negociaciones en los que se participa.

Sin esta ética de la responsabilidad, como es evidente, las libertades democráticas no pocas veces derivan en interpretaciones anarquizantes que socavan los fundamentos mismos del orden democrático, avalando y justificando, paradójicamente, nostalgias y aventuras autoritarias. 1.5.2. La igualdad política de la democracia La igualdad jurídica y política de todos los ciudadanos es el segundo valor fundamental de la democracia moderna. Este valor no significa que se cancelen todas las diferencias o incluso desigualdades de corte económico, social, cultural o físico, sino que ninguna de tales diferencias o desigualdades puede legitimar el dominio de unos seres humanos sobre otros y, por ende, la preeminencia política de los primeros sobre los segundos.

Por eso, es un principio básico de los procedimientos democráticos que cada ciudadano tenga derecho a un voto y sólo a un voto, y que ningún voto valga más que los demás. De esta manera, en el momento de emitir los sufragios desaparecen las diferencias intelectuales, físicas o socioeconómicas, y cada votante tiene exactamente el mismo peso en los comicios, sin importar su ocupación, su sexo, su fortuna o sus capacidades personales.

Pero el valor de la igualdad política no sólo se realiza en los comicios: implica, por el contrario, que todo ciudadano goza de los mismos derechos y de las mismas obligaciones y, por consecuencia, que no existan grupos, clases o capas sociales privilegiadas con derechos políticos especiales, lo que explica que las normas jurídicas democráticas tengan que ser universales al disponer los derechos y las obligaciones de todos los ciudadanos, y que nadie -persona o grupo pueda pretender colocarse por encima del imperio de la legalidad.

  • Siendo esas normas universales, su aplicación deberá ser igualitaria, sin excepción de personas o intereses específicos.
  • La igualdad democrática, por ende, no se opone a las diferencias sociales y culturales: tampoco impide las distinciones por mérito o por capacidades de determinado tipo.
  • No es una igualdad igualitarista o uniformadora, que pretenda abolir el pluralismo y la diversidad constitutivos de las sociedades modernas.

Es, por el contrario, una igualdad dentro de la libertad y para la libertad, esto es, una igualdad dentro y para el pluralismo y la diversidad. Lo único que excluye taxativamente es la pretensión de convertir las diferencias en privilegios y las desigualdades en coartada para someter a otros seres humanos, pues se basa en el supuesto esencial de que ninguna diferencia o desigualdad puede justificar una presunta superioridad Política o un pretendido derecho exclusivo de autoridad sobre los demás, y de que, por lo tanto, ningún ser humano vale políticamente más que otro.

Igualdad en la libertad, en la capacidad para participar en la formación de gobierno y en la autorización de políticas, la igualdad democrática implica una ética de la equidad en el trato social, es decir, un reconocimiento y respeto estricto de los derechos civiles y políticos de todos y cada uno de los ciudadanos, independientemente de su edad, sexo, fe religiosa, ocupaciones o rango socioeconómico.

En este sentido, la cultura democrática promueve un trato igualitario, equitativo, hacia todos los seres humanos, y rechaza toda ideología racista, sexista o clasista que sostenga la sedicente superioridad natural de una raza, de un género o de una clase social.

Por lo mismo, aun si la igualdad política no equivale a igualdad social, económica o cultural, es evidente que desigualdades extremas en la sociedad, sean de corte económico o en materia de acceso al conocimiento, pueden limitar o incluso anular los derechos, o la posibilidad de ejercerlos, de muchos presuntos ciudadanos.

Situaciones de pobreza extrema, de desigualdad económica flagrante, o incluso de asimetría cultural grave, favorecen el surgimiento de poderes de hecho, económicos o ideológicos, que cancelan en la práctica la vigencia de esa igualdad política, pervirtiendo gravemente los propios procedimientos democráticos.

  • Donde los ricos son tan ricos, y los pobres tan pobres, de modo que los primeros pueden comprar el voto que los segundos se ven obligados a vender por necesidad, no es difícil comprender que las elecciones se vean gravemente deformadas como expresión efectiva de la voluntad popular.
  • O donde desigualdades culturales extremas favorezcan liderazgos carismáticos, irracionales, basados en la superstición o en pasiones primarias, tampoco es complicado esperar una deformación similar.

Por todo ello, las democracias políticas modernas estables parecen suponer un compromiso social para promover una equidad económica y cultural creciente, capaz de servir de base para un ejercicio efectivo de la igualdad ciudadana. Y a la inversa, los procedimientos democráticos favorecen a su vez, cuando son respetados, la promoción de una mayor justicia social y de una mejor integración cultural. 1.5.3. La fraternidad como valor democrático Afirmar el valor de la fraternidad, es decir, afirmar que todos los seres humanos deben tratarse como hermanos significa, en primer lugar, enfatizar los valores antes mencionados de la libertad y la igualdad de los ciudadanos.

  1. Pero significa algo más, que resulta importante para el buen funcionamiento de los procedimientos democráticos.
  2. A saber, que a pesar de sus diferencias y conflictos de intereses o de opinión, los miembros de una sociedad no deben verse como enemigos, es decir, como divididos en bandos contrapuestos e irreconciliables, sino, en todo caso, como copartícipes parcialmente conflictivos en la formación de la voluntad política nacional.

En otras palabras, la democracia requiere, para funcionar correctamente, que los conflictos no excluyan la cooperación, y que la cooperación no excluya los conflictos. Por ello es éste, quizás, el valor más difícil de entender y asumir dentro de las democracias modernas, pues supone dejar atrás tradiciones y actitudes no sólo autoritarias sino beligerantes, fuertemente arraigadas en la historia de la humanidad, y pasar a concebir y practicar la política de un modo distinto, tolerante y racional.

Asumir entonces el valor democrático de la fraternidad supone reconocer que las contradicciones sociales, los conflictos entre grupos de interés o de opinión, o entre partidos políticos, no son contradicciones absolutas, antagónicas, que sólo puedan superarse mediante el aplastamiento, la exclusión o la aniquilación de los rivales, sino contradicciones que pueden y deben tratarse pacífica y legalmente, es decir, mediante procedimientos capaces de integrar, negociar y concertar soluciones colectivas legítimas y aceptables para todos.

Por ello, la democracia política es prácticamente imposible cuando la sociedad se encuentra desgarrada por polarizaciones extremas, cualquiera que sea su naturaleza, pues entonces no existe la posibilidad de llegar a acuerdos y compromisos y sólo queda la solución de fuerza, la exclusión, el aniquilamiento, el sometimiento absoluto de los derrotados, situaciones todas radicalmente incompatibles con los valores democráticos en su conjunto.

  • En este sentido, la instalación y consolidación de un sistema democrático parece exigir un aprendizaje colectivo de los valores de la estabilidad, de la paz, de la legalidad, de la autolimitación, de la cooperación y de la tolerancia.
  • Un aprendizaje que lleva a reconocer derechos y obligaciones recíprocos, a asumir el valor de la pluralidad y la diversidad, y a renunciar a dogmas y maniqueísmos políticos.

Un aprendizaje, además, que conduce a la formación de partidos y tendencias políticas conscientes de los alcances y las limitaciones de la competencia propiamente democrática, en la que nadie puede colocarse por encima de la legalidad, en la que nadie puede pretender tener privilegios contra la mayoría, en la que, incluso, las mayorías eventuales han de asumirse siempre como parte y no como todo, y en la que, por consiguiente, deben respetarse plenamente los derechos de las minorías, incluido su derecho a volverse mayoría.

En esta perspectiva, la tolerancia es más que una actitud o valor negativo, más que un principio de no agresión o no exclusión de los contrarios. Aun si históricamente puede haber surgido de un cierto equilibrio o empate de fuerzas, en el que ninguno de los oponentes pudo imponerse a los demás y tuvo que reconocerles, por ende, legitimidad y derechos, lo cierto es que la tolerancia democrática es también, y sobre todo, un valor sustentado en la racionalidad moderna.

Sustentado en la conciencia primero de que es el pueblo, la ciudadanía, el mejor juez de las políticas y de los gobiernos. En la conciencia, en segundo lugar. de que en política nadie tiene nunca toda la razón, y de que toda política, por consecuencia, debe estar abierta a la crítica y a la rectificación.

En la conciencia, en fin, de que sólo la discusión y el enfrentamiento pacífico y racional con otros puntos de vista y con otros intereses permite aprender y mejorar las propuestas de gobierno y de orientación política de la sociedad y, por ende, promover verdaderas soluciones para los agobiantes y complejos problemas sociales.

Lo anterior no significa, naturalmente, que la fraternidad democrática anule o supere la inexorable conflictividad de las sociedades modernas. En la medida en que se trata de sociedades plurales, diversificadas, crecientemente complejas, sus políticas sólo pueden ser esencialmente conflictivas, esencialmente competitivas. 1.6. DEMOCRACIA, RACIONALIDAD Y COOPERACIÓN La democracia política se sustenta axiológicamente en los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Que el pueblo deba ser soberano, que la voluntad política se construya de abajo hacia arriba, significa no el fin de la política y de la autoridad en tanto medios decisivos de organización social, sino un modo diferente de entender tanto a la política como a la autoridad.

Un modo opuesto al del pensamiento autoritario o dictatorial, donde la política es concebida como dominio y sometimiento de los más por los menos, y donde la autoridad aparece como posesión exclusiva de unos pocos por oscuras razones metafísicas. La política democráticamente comprendida es’ una orientación colectiva del desarrollo social elaborada y aplicada con la participación y el consenso de la ciudadanía; es la producción de lineamientos generales mediante el debate, la confrontación civilizada y el reconocimiento del principio de la mayoría y de los derechos de las minorías.

La autoridad democrática, por lo mismo, es la que surge de los debates y consentimientos mayoritarios, con capacidades legalmente determinadas y competencias fijas; es la autoridad delegada por el pueblo para el beneficio de los intereses del propio pueblo, y sometida, por ende, a la vigilancia ciudadana y a la sanción del voto popular.

Ahora bien, la realización institucional y la consolidación productiva de la democracia, precisamente por la naturaleza de sus principios y valores constitutivos, exige fuertes dosis de racionalidad y responsabilidad tanto de los políticos como de los ciudadanos. Como es evidente, el fanatismo, la intolerancia, el dogmatismo y el pensamiento mágico son contrarios a las prácticas democráticas, y su surgimiento pone en grave riesgo el mantenimiento de las mismas, al igual que el autoritarismo, el abuso del poder, la discrecionalidad o la transgresión de la legalidad.

Por ello, la democracia es difícil, pues los procedimientos democráticos requieren de una cultura ciudadana que sólo puede consolidarse mediante la práctica misma, mediante el ejercicio efectivo y trasparente de los derechos democráticos. Pero esta cultura requiere, además, de una educación para la democracia, esto es, de información y discusión sistemáticas y permanentes tanto acerca de los valores y principios de la democracia como acerca de sus formas de realización institucionales.

Se trata de una labor a realizar no sólo por y en las escuelas públicas y privadas, sino también por y en los partidos políticos, por y en las instancias gubernamentales y por y en las organizaciones sociales en su conjunto. A fin de cuentas, aun si la democracia es esencialmente política, sólo la generalización de los valores democráticos en el conjunto de la sociedad permite un ejercicio pleno y funcional de la misma.

Un ejercicio basado en la autonomía de las organizaciones sociales, de la sociedad civil, así como en el respeto irrestricto de los derechos civiles y políticos de la población, condiciones indispensables para que la cooperación y la solidaridad implicadas en el valor democrático de la fraternidad se conviertan en verdaderos principios de organización consciente y voluntaria de una sociedad libre e igualitaria, propiamente civil, y de un Estado y un gobierno democráticos, es decir, efectivamente capaces de expresar, representar y articular las orientaciones ideológicas y los intereses legítimos de esa sociedad.

  1. En sentido estricto, ninguna democracia real, ningún Estado existente, puede verse como la realización plena de los principios y valores señalados.
  2. Las instituciones y los procedimientos que podemos observar empíricamente son siempre realizaciones necesariamente imperfectas, y por ende perfectibles, de esos principios y de esos valores.

Por ello las reglas del juego democrático son reglas abiertas, es decir, reglas que exigen un debate y una crítica permanentes, en los que se evalúe su funcionamiento y se sugieran y aprueben sus modificaciones, pues si algo institucionalizan estas reglas es la posibilidad de los cambios y, con ellos, de los progresos, es decir, la posibilidad de una siempre inacabada e inacabable (re)construcción del orden social deseable. 2.1. PLURALISMO Las sociedades modernas están cruzadas por una diversidad de intereses, concepciones, puntos de vista, ideologías, proyectos, etc. Las diferencias de oficio, de riqueza, de educación, de origen regional, etc., construyen un escenario donde coexisten diferentes corrientes políticas.

Para quienes piensan que un grupo social, un partido o una ideología encama todos los valores positivos, y que sus contrarios o antagonistas de igual forma encarnan todos los valores negativos, el tema de la pluralidad solamente puede observarse como algo indeseable, que reclama su supresión para organizar a la sociedad bajo una sola concepción del mundo, una organización y unos intereses igualmente monolíticos.

Puede afirmarse que, desde esa óptica, el pluralismo es entendido como un mal que debe ser conjurado agrupando a la sociedad bajo un solo mando. Tanto las concepciones integristas religiosas como las revolucionarias dogmáticas coincidirían en la necesidad de superar el pluralismo, construyendo la unidad monolítica del pueblo-nación.

  • Por el contrario, la fórmula democrática parte de reconocer ese pluralismo como algo inherente y positivo en la sociedad que debe ser preservado como un bien en sí mismo.
  • No aspira a la homogeneización ni a la unanimidad porque sabe que la diversidad de intereses y marcos ideológicos diferentes hacen indeseable e imposible -salvo con el recurso de la fuerza- el alineamiento homogéneo de una sociedad.

Ese pluralismo, además, permite no sólo relativizar las certezas políticas, sino que teóricamente obliga a un procesamiento más cuidadoso y racional de los asuntos públicos. De tal suerte que el pluralismo, de suyo, es evaluado como un valor positivo. 2.2. TOLERANCIA Al reconocer como algo positivo la coexistencia de la pluralidad política, el trato entre las diferentes corrientes y organizaciones políticas tiende a modificarse. Si bajo un esquema integrista los otros aparecen como los enemigos a vencer o a aniquilar y el código de comportamiento beligerante aparece como el más propio y ajustado a los fines de esa política, el código democrático obliga a la tolerancia, a la coexistencia, al trato cívico, a intentar apreciar y evaluar en los otros lo que puede ser pertinente y valioso para todos. 2.3. Competencia REGULADA Pero la tolerancia o la convivencia de la diversidad en un sentido democrático no es la capacidad de que cada quien diga y haga lo que quiera en el espacio público sin importar la opinión y necesidades de los demás. Esa tolerancia solamente conduciría al desgobierno de la sociedad y por su propia naturaleza sería una coartada, porque seguramente en otros espacios se tomarían las decisiones que la comunidad requiere.

Por el contrario, toda iniciativa toda propuesta, puede y debe ser confrontada racionalmente con otras. La democracia asume la pluralidad y la tolerancia, pero reconoce que dada la necesidad de gobernabilidad que requiere una sociedad es necesario optar por las diferentes propuestas que se encuentran en juego.

De esa manera, los diagnósticos e iniciativas de las diferentes corrientes organizadas no sólo tienen el derecho de expresarse sino la necesidad y la obligación de competir entre ellas, para establecer cuál resulta la más pertinente de acuerdo con el criterio de la mayoría. 2.4. PRINCIPIO DE MAYORÍA A primera vista más que un valor, la idea de que la mayoría decide parecería un criterio procedimental. Porque como ya se apuntó, una vez expresadas las diferentes opiniones se requiere optar por una de ellas. Y en términos democráticos, la que logre el mayor número de adhesiones es considerada como la triunfadora, la que establece la norma general.

Sin embargo, ese criterio que sirve para regular la toma de decisiones tiene el efecto de integrar y hacer parte del todo social a los individuos. Estos últimos, al vivir en sociedad y a partir del anterior criterio, saben que la mayoría establecerá las normas que incidan en y regulen la vida social de todos y cada uno de los miembros de la sociedad.

No obstante, el principio de mayoría democrático, a diferencia del autoritario, como se verá más adelante, permite la reproducción de las minorías y que éstas tengan derechos consagrados. 2.5. LEGALIDAD La mayoría no puede, en un régimen democrático, simple y llanamente desplegar su voluntad, sino que tiene que apegarse a la legalidad e institucionalidad vigentes. En otras palabras, la decisión de la mayoría tiene que cursar y expresarse a través de los mecanismos e instituciones previamente diseñados para que sus decisiones sean legales.

Puede modificar las normas legales existentes pero solamente a través del propio procedimiento legal. Esta fórmula otorga garantías a la mayoría pero también a las minorías, porque finalmente se aspira al imperio de la ley, en cuya confección deben participar mayoría y minorias. Ese criterio ofrece seguridades a los individuos que saben que los cambios en las orientaciones del gobierno tienen que seguir un procedimiento público antes de convertirse en normas que obligan a todos.

A lo largo de ese proceso, quienes se sientan afectados tienen recursos para intentar modificar la iniciativa que consideran contraria a sus intereses. De esta manera, la legalidad protege a los miembros de una sociedad determinada de las arbitrariedades y los tratos discrecionales. 2.6. DERECHOS DE LAS MINORÍAS El criterio de mayoría, sin embargo, no puede imponerse de una vez y para siempre. Por el contrario, mayoría y minorías pueden modificar sus respectivos lugares, y esa es una de las características centrales de las reglas democráticas.

Las minorías tienen, por una parte, derechos consagrados, y por otra, pueden legítimamente aspirar a convertirse en mayoría. En un régimen democrático, a diferencia de uno autoritario, las minorías tienen derecho a existir, organizarse, expresarse y competir por los puestos de elección popular. De hecho, cuando alguno de esos derechos se vulnera o lesiona, un pilar fundamental de la democracia se cancela.

Quizás uno de los indicadores más claros para evaluar la existencia o no de la democracia sea precisamente el estatus jurídico y real del que gozan las minorías. Se desprende de lo anterior que si las minorías gozan de esos derechos, al ejercerlos pueden llegar a convertirse en mayoría. 2.7. IGUALDAD La legalidad supone, además, en términos democráticos, la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. La ley pretende universalizar derechos y obligaciones y normar, en este caso, la vida política. Esa igualdad ante la ley -que trasciende las diferencias de riqueza, propiedad, sexo, religión, ideología- rompe con los privilegios estamentales y corporativos de las sociedades premodernas y predemocráticas, construyendo una nueva figura: el ciudadano. 2.8. CIUDADANÍA En ese marco, el presupuesto básico es que existen en una sociedad moderna hombres con capacidad de discernir racionalmente entre las ofertas que se les presentan, que pueden contribuir con su opinión a la toma de acuerdos, que ellos mismos pueden agruparse para participar en los asuntos públicos y que como individuos gozan de una serie de derechos.

En una palabra, que los individuos son considerados ciudadanos. La familiaridad que esta palabra ha adquirido hace pensar que los ciudadanos siempre han existido. Sin embargo, parece necesario subrayar que la construcción de ciudadanos es un proceso histórico que precisamente se engarza con la modernidad y tiene su cabal expresión en un régimen democrático.

El ciudadano, piedra de toque del edificio democrático, tiene una serie de derechos y obligaciones: derechos civiles, políticos y sociales, y obligaciones en esos tres terrenos. Los regímenes autoritarios precisamente suprimen algunos o todos los derechos ciudadanos. 2.9. SOBERANÍA POPULAR Es en el conjunto de los ciudadanos donde reside la soberanía. La democracia moderna da un vuelco de 180 grados a las concepciones que sitúan la soberanía por encima del conjunto de los hombres, ubicándola en un ente metafísico o en algún poder terrenal selectivo.

Para la democracia moderna la fuente de todo poder político emana de la voluntad popular, que es la soberana. De esa voluntad popular surgen normas e instituciones que al mismo tiempo deberán modular las fórmulas de expresión de esa soberanía popular. Así, la soberanía popular es la fuente última de toda norma y de toda representación.

Los gobernantes lo son porque la soberanía popular asilo ha decidido, y esa es una característica nodal de todo régimen democrático. 2.10. RELACIÓN DE DEPENDENCIA DE LOS GOBERNANTES CON RESPECTO A LOS GOBERNADOS Por lo anterior es que precisamente los gobernantes dependen de la voluntad de los gobernados. Los primeros emanan de los segundos y a ellos deben rendir cuentas. En esta dimensión, la tradición democrática se encadena a la tradición republicana, creando una serie de instituciones encargadas de hacer que ese nexo tenga cauces institucionales.

El voto para elegir gobernantes, la existencia de cámaras legislativas donde participen los representantes de la población, y la división de poderes para que no se concentre el poder político, tienen por objeto que el puente de comunicación entre gobernantes y gobernados sea fluido y los mandatos puedan revocarse.

A diferencia de los regímenes monárquicos donde la función se adquiere por herencia, de los regímenes militares donde la institución armada se convierte en la fuente e instrumento del ejercicio del poder, y de los regímenes teocráticos donde la jerarquía religiosa asume posiciones de mando gubernamental, en la democracia los puestos de gobierno y legislativos suponen la representación de la ciudadanía con su consentimiento. 2.11. REPRESENTACIÓN De hecho, el ejercicio de una función pública se entiende en la democracia como una representación que otorga la mencionada soberanía popular. Un presidente o un primer ministro, los diputados y los senadores, gobernadores y presidentes municipales, etc., son representantes populares y al pueblo se deben.

  • Esta idea de la representación es la que permite, además, que la misma sea revocada.
  • Históricamente, la representación surge ante la imposibilidad de ejercer realmente la democracia directa en comunidades numerosas y complejas.
  • Ante la imposibilidad de que cada ciudadano incida directamente en la política sin intermediarios, se crean las instituciones representativas, cuya fuente es la voluntad ciudadana.

Pero esa necesidad se convierte en virtud porque quiere decir que gobernantes y legisladores actúan en representación de los ciudadanos y que a éstos se deben. 2.12. REVOCABILIDAD DE LOS MANDATOS REVOCABILIDAD DE LOS MANDATOS A diferencia de otras fórmulas de gobierno, donde los mandatos no emergen de la voluntad popular, en la democracia toda función estatal está sujeta al juicio de los ciudadanos, que en su carácter de electores tienen la capacidad para refrendar o sustituir a sus representantes.

  1. Esa fórmula para controlar a los gobernantes, el que no exista inamovilidad, permite reforzar el poder de los ciudadanos, pero además crea condiciones para que los cambios de gobierno se produzcan en un clima institucional y civilizado.
  2. Todo gobierno democrático está sujeto a tiempos y procedimientos a través de los cuales es juzgado.

La democracia es un sistema de instituciones que perviven y de representantes que cambian. Y esa cualidad tiende a conjugar estabilidad y cambio, o mejor dicho, el cambio no necesariamente produce inestabilidad. 2.13. PAZ SOCIAL La posibilidad apuntada en el apartado anterior es sumamente importante porque permite alternancias en el poder sin derramamientos de sangre o desgarramientos sociales. Los sistemas totalitarios o autoritarios, al suprimir (o intentar suprimir) la pluralidad la disidencia, la competencia institucional y pacífica, fomentan en los excluidos la impotencia y la desesperación que los obliga a recurrir a métodos violentos para intentar el acceso al poder.

Por el contrario, el sistema democrático presupone que las diferentes corrientes políticas podrán acceder a los puestos públicos de acuerdo con la adhesión ciudadana que hayan logrado, lo que teóricamente permite que los cambios de rumbo se produzcan en un clima de convivencia y competencia pacíficas.

En un mundo convulsionado por conflictos bélicos de muy distinta índole, preguntarse por la forma de organización política que contribuya de mejor manera a perpetuar y reproducir la paz no resulta una cuestión menor. Y todo parece indicar que en los regímenes democráticos los conflictos -que no desaparecen- encuentran un cauce institucional para resolverse. 2.14. CONVIVENCIA DE LA DIVERSIDAD CONVIVENCIA DE LA DIVERSIDAD Es necesario volver al punto 2.2., el referido a la tolerancia; ya que es sin duda uno de los valores centrales. Al no hacer de los otros enemigos irreconciliables, al abrir un conducto institucional para su expresión, al permitir la competencia en un marco institucional, al abrir la puerta para la alternancia pacífica, la convivencia de la diversidad de puntos de vista, ideologías e intereses se hace posible.

  1. Y ante un mundo que se fragmenta por motivos étnicos, religiosos e ideológicos, nunca estará de más subrayar las posibilidades y bondades de la coexistencia de la diversidad.
  2. Para el autoritario las naciones deben ser bloques monolíticos; para los demócratas son sociedades donde coexiste la diversidad.

Hacerse cargo de ella y ofrecerle cauces de expresión siempre será más productivo, a la larga, que intentar exorcizarla, lo cual indefectiblemente lleva a la violencia. 2.15. PARTICIPACIÓN De hecho, el régimen democrático fomenta la participación ciudadana en la esfera pública. Mientras los autoritarismos de diverso tipo esperarían que los ciudadanos se retrajeran a sus asuntos privados, dejando la esfera pública en manos de la élite que detenta los mandos del Estado, la institucionalidad democrática, para su propia reproducción, necesita que los ciudadanos participen en los asuntos que se ventilan en la esfera pública.

Sea por la vía electoral, a través de referendos, de la participación partidista o social, o de las campañas de diferente tipo, la democracia supone una participación ciudadana recurrente. La democracia significa un espacio público dilatado, medios para la participación y condiciones para hacerla posible.

La esfera pública, según la doctrina democrática, es competencia de todos, y la participación ciudadana una condición para que el propio sistema se reproduzca. 2.16. PROCESAMIENTO DE INTERESES DIVERSOS A diferencia de 105 sistemas cerrados, la democracia supone una serie de conductos a través de los cuales se pueden y deben procesar intereses distintos. De esa manera el ciudadano o la organización social o política encuentra vías para expresar sus necesidades y propuestas.

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Ello -se supone- tiende a fortalecer la participación pero, sobre todo, incide en el propio apuntalamiento de las instituciones democráticas que por esa vía demuestran su pertinencia, tanto haciendo posible la expresión de la diversidad como redefiniendo los puntos de partida en un esfuerzo por hacerlos compatibles.

Cuando los diversos intereses que coexisten en la sociedad no encuentran vías para expresarse y ser atendidos, las tensiones tienden a agudizarse, mientras que cuando encuentran vía franca para transitar no resultan explosivos. 2.17. INDUCCIÓN A LA ORGANIZACIÓN Como procesar propuestas e intereses de manera individual resulta muy poco exitoso, la participación puede resultar más venturosa si se suman esfuerzos y voluntades, de tal suerte que la organización o la agregación de intereses aparece como una vía con mayores posibilidades para la acción.

  • Esa promoción de organizaciones intermedias tiende, además, a crear un denso entramado que supone un mejor procesamiento de los asuntos públicos.
  • Los temas y debates de interés general encuentran un escenario con múltiples organizaciones que construyen una especie de sistema de pesos y contrapesos que teóricamente evita las decisiones caprichosas y discrecionales.

La expansión de la organización de facto hace que la presencia de los intereses que existen en la sociedad graviten en la toma de decisiones. 2.18. GOBERNABILIDAD CON APOYO CIUDADANO Si lo anterior se cumple, entonces los gobiernos que emanan de los procedimientos y las reglas democráticas suelen contar con la adhesión de la mayoría de los ciudadanos. Esa identificación o apoyo hacia los actos de gobierno tiende a reforzar la gobernabilidad.

Aunque diversos analistas políticos han señalado en ocasiones la incompatibilidad entre democracia y gobernabilidad, se puede sostener que cuando la democracia cumple los requisitos que le dan base y sentido, las crisis de gobernabilidad suelen ser pasajeras, ya que el sistema democrático cuenta con los recursos institución ales suficientes para autorregenerarse.

Ejemplificando: si un gobierno parlamentario pierde el apoyo de la mayoría, el propio Parlamento puede removerlo o rehacerlo, y si un gobierno presidencial pierde el respaldo popular, igualmente el horizonte de las próximas elecciones puede volver a normalizar la gobernabilidad. 2.19. DERECHOS INDIVIDUALES DERECHOS INDIVIDUALES Pero lo más importante para la gente común, para el ciudadano estándar es que, en interacción con la tradición liberal, la democracia presupone una serie de derechos garantizados por el Estado, para todos y cada uno de los ciudadanos.

  • Los derechos humanos no encuentran mejor régimen tutelar que la democracia.
  • Así, la igualdad y la no discriminación, el derecho a la vida, la libertad y la seguridad personales, la ausencia de servidumbres, torturas y privaciones ilegales de la libertad, la igualdad ante la ley, las garantías hacia los infractores, la protección de la vida privada, el libre tránsito, la libertad de conciencia y religiosa, la de opinión y de expresión, etc., encuentran en el Sistema democrático mayores probabilidades de volverse realidad.

Los pesos y contrapesos que el sistema democrático crea en el entramado estatal, y la participación plural y organizada que fomenta en la sociedad, tienden a ofrecer al ciudadano márgenes más amplios para el ejercicio pleno de sus derechos fundamentales y para que la institucionalidad estatal no pueda vulnerar sus garantías como ciudadano.

  1. Mientras que los Estados autoritarios o totalitarios, al desplegar su acción barriendo la diversidad y la disidencia, destruyen buena parte de los necesarios equilibrios de poder, la visibilidad que en la democracia adquiere la vida pública ofrece mejores garantías a los ciudadanos.
  2. Pero más allá de los derechos humanos o cívicos básicos, los derechos políticos y sociales también pueden desplegarse de mejor manera bajo una institucionalidad democrática.

Los derechos de organización, manifestación, reunión, participación política, así como aquellos que se refieren a la educación, al trabajo, al acceso 11 la vida cultural y a la salud, encuentran un terreno más fértil en la democracia, porque la dependencia de los gobernantes con respecto a los gobernados y la institucionalidad política que pone en pie el sistema democrático, en todo momento tienden a evaluar el cumplimiento o no de los mencionados derechos.

De hecho, la expansión progresiva de los derechos ciudadanos es uno de los hilos fuertes de la historia de los sistemas democráticos. Hasta aquí se ha intentado presentar en forma ideal la armonía que subyace en la doctrina democrática. Esa armonía hace visibles los valores en los que se asienta el ideal democrático y las bondades que en teoría se desprenden del mismo.

Pero entre el ideal democrático y la realidad democrática median enormes y profundas diferencias. La democracia no es ajena a patologías de múltiples tipos. Fenómenos tales como la indiferencia ciudadana, la irresponsabilidad política, la atrofia de las instituciones, la sobrecarga de expectativas, los intereses particulares que gravitan por encima de los de la mayoría, son fenómenos que se encuentran en la realidad de la democracia.

¿Qué es la convivencia de la democracia?

Capacidad y disposición de escuchar y aceptar a los demás respetando sus diferencias. Todos tenemos los mismos derechos sin importar raza, sexo, religión, etc. Es el reconocimiento y valoración que uno tiene de sí mismo y de los demás. Es la decisión en conjunto teniendo en cuenta la opinión de la mayoría.

¿Cuáles son los pilares en los que se basa la democracia?

El respeto a los derechos políticos implica elecciones limpias, sufragio universal, respeto al voto, a la división de poderes. Estos principios de la democracia participativa se expresan en un régimen que define los derechos y deberes de todos los participantes.

¿Cuál es la importancia de cumplir con los deberes?

El papel de los deberes o tareas escolares Hoy en día existen varias posturas sobre la importancia de hacer deberes en casa, y aunque una excesiva carga de trabajo impide que los niños tengan tiempo para jugar y desarrollar su creatividad, el hecho de tener que cumplir con las tareas escolares en casa genera una serie de ventajas que en el Centro Educativo La Amistad explicamos.

Responsabilidad, Los deberes no son un castigo para los niños, sino más bien una obligación que hace que sean responsables y puedan trabajar de manera independiente. Les enseña a como organizar su tiempo, aprender a buscar las respuestas y resolver los problemas que se les presenten. Organización, Existen estudios que afirman que la rutina promueve la capacidad organizativa, y de esta manera es importante establecer horarios para que puedan organizarse la tarde y tener tiempo para merendar, hacer los deberes y tener su momento de juego. Disciplina, Es importante ser disciplinados, y los deberes fomentarán esa exigencia necesaria para poder formarse y ser responsables con ellos mismos. La disciplina implica que aunque no haya deberes no se pierda la rutina, y por eso aprovechar ese tiempo para lectura, repaso o algún juego creativo en casa que pueda motivarles. Concentración, Es fundamental que mientras hacen deberes o estudian estén concentrados y nada pueda distraerles. De este modo acabarán antes sus tareas y se impedirá que lleguen al aburrimiento, y con ello la desmotivación y el desinterés.

En el Colegio La Amistad, en Fuenlabrada, velamos por la educación de los menores, y sabemos de la difícil labor de hacer los deberes. No es fácil ir al colegio, hacer actividades extraescolares y llegar a casa para hacer los deberes. Sin embargo, es algo fundamental en su desarrollo siempre y cuando exista cierta moderación y sean proporcionados a la edad de los pequeños.

    ¿Qué ocurre cuando no se respetan los derechos de los demás?

    Cuando un derecho humano no se respeta, protege, promueve o garantiza, lo que su cede es una violación a derechos humanos. Esto implica que alguien ha dejado de cumplir sus obligaciones y con su conducta afectó los derechos de una o varias personas.

    ¿Qué pasa con las personas que no respetan los derechos humanos?

    Uno de los propósitos de la Carta de las Naciones Unidas es mantener la paz y la seguridad internacional. La violencia y los conflictos socavan el desarrollo sostenible. Las violaciones de los derechos humanos son una causa primordial de los conflictos y la inseguridad, los que, a su vez, resultan invariablemente en nuevas violaciones de los derechos humanos.

    Es así que las acciones para proteger y promover los derechos humanos cuentan con poderes preventivos inherentes, mientras que los enfoques basados en los derechos en materia de paz y seguridad aportan esta potencia a los esfuerzos para lograr una paz sostenible. El marco normativo de los derechos humanos proporciona también una base sólida para abordar cuestiones muy preocupantes en los países, o entre ellos, las que, si no se atienden, pueden conducir a conflictos.

    El análisis y la información sobre los derechos humanos constituyen herramientas para la alerta temprana y la actuación temprana específica que aún no se han aprovechado plenamente. El incumplimiento de las normas internacionales y la falta de protección de los derechos humanos debilitan las acciones para establecer, mantener y consolidar la paz.

    1. Las acciones mundiales de lucha contra el terrorismo y de prevención de la propagación del extremismo violento se ven afectadas por estas deficiencias.
    2. Renovar el enfoque de la ONU en la prevención y el mantenimiento de la paz es clave, tanto para este pilar como para el previo sobre el avance del desarrollo sostenible.

    Podemos ayudar a mantener tanto la paz como el desarrollo si demostramos que la aplicación de las normas de derechos humanos puede abordar las reivindicaciones, reducir la desigualdad y aumentar la resiliencia. Este pilar además hace frente a las amenazas posibles planteadas por las nuevas tecnologías en un contexto de seguridad.

    ¿Cuál es el derecho más importante de todos?

    El Derecho a la Vida.

    ¿Qué son los derechos y porque son importantes?

    Indivisibilidad – Los derechos humanos son indivisibles. Ya sean civiles, políticos, económicos, sociales o culturales, son inherentes a la dignidad de todas las personas. Por consiguiente, todos comparten la misma condición como derechos. No hay derechos «pequeños». En los derechos humanos no existen jerarquías.

    ¿Por qué las personas deben gozar de los mismos derechos?

    Disfrutar de los mismos derechos es la mejor manera de promover una vida libre de desigualdad, discriminación y violencia para las niñas, niños y adolescentes de América Latina y el Caribe.

    ¿Qué relación se establece entre la democracia y el respeto de los derechos humanos?

    La democracia como forma de gobierno es un punto de referencia universal para la protección de los derechos humanos ; proporciona un entorno para la protección y la realización efectiva de los derechos humanos.

    ¿Qué importancia tiene el respeto a los derechos de los demás para resolver los conflictos?

    ¿Qué entendemos por respeto? – El respeto abarca todas las áreas de nuestra vida, e incluye: el respeto hacia nosotros mismos, respeto hacia todas las personas independientemente de su condición, respeto a los padres, a los profesores, a los mayores, respeto hacia las leyes y normas sociales y a las personas que velan por su cumplimiento, respeto hacia los bienes de la comunidad, y respeto por la vida, la naturaleza y los animales.

    Gracias al respeto y al reconocimiento mutuo de derechos cultivamos relaciones sanas y enriquecedoras, que son la base de una convivencia amable y pacífica. Veamos detalladamente algunas de las dimensiones del respeto. ✓ El respeto hacia los padres y profesores Las faltas de respeto de los niños hacia los adultos han aumentado en las últimas décadas y cada vez preocupan más a familias, profesores y al conjunto de la sociedad.

    Algunas fuentes indican que la violencia física y verbal de hijos a padres, ha aumentado en los últimos años. La situación de los docentes no es muy diferente. Retar, insultar, humillar o incluso agredir a los profesores se ha convertido en un comportamiento relativamente frecuente.

    • La relación entre el respeto que los niños demuestran hacia sus padres y el que muestran hacia sus profesores, es muy estrecha.
    • En los hogares en los que los padres educan a sus hijos en el respeto y valoran la labor del docente delante de sus hijos, estos tienden a respetar más a sus profesores.
    • Sin embargo, si desde casa se desacredita la autoridad del profesor, los niños se sentirán con autoridad para cuestionarle y desafiarle.

    Dada la situación, parece necesario replantearnos qué modelo educativo que ofrecemos a los niños, y qué aspectos son fundamentales para inculcar el respeto desde el ámbito familiar. ✓ El respeto a los ancianos El respeto a nuestros mayores es también un tema de vital importancia.

    A través del tiempo y en las civilizaciones más antiguas, el papel del anciano en la sociedad ha sido clave para el progreso gracias a su experiencia y sabiduría. Pero en la actualidad, las prisas, el estrés y el materialismo e individualismo propio de esta sociedad, mantienen a muchos ancianos marginados e ignorados, haciéndoles sentir aparentemente inútiles y una carga para sus familiares.

    Tampoco podemos olvidar que los ancianos se pueden sentir más vulnerables debido a enfermedades o al deterioro físico y mental, llegando a sentirse una carga para los demás por no ser «productivos». Sin embargo, hay algo que no han perdido nuestros mayores: su capacidad dar y recibir afecto y amor.

    Su necesidad de cariño y atención es tanta o más que en etapas anteriores de su vida. Las personas ancianas necesitan sentirse escuchadas, valoradas y tenidas en cuenta. De la misma forma en que es hermoso llegar a este mundo con amor, también debería serlo marcharnos sintiendo el profundo cariño de quiénes nos acompañen hasta el último día.

    Comprender esto nos hará más compasivos y respetuosos con los ancianos, pues no hay mayor acto de respeto y compasión, que acompañar y cuidar la vida con paciencia y amor, hasta el final. Hoy en día es más necesario que nunca crear una cultura de la familia en la que se trate con afecto y consideración a los abuelos, y en la que se valore y dignifique a las personas mayores en nuestra sociedad. Porque Es Importante Que Se Cumplan Las Normas En Una Democracia «Hoy día el reto es construir un mundo que responda igual de bien a las necesidades de los ancianos como a las de los jóvenes» Laura L. Carstensen ✓ El respeto a la diversidad Aprender a aceptar las diferencias y comprender que estas nos enriquecen es también una de las labores de la educación en el respeto.

    • Si nuestros hijos entienden que todas las personas somos igualmente valiosas independientemente de nuestra cultura, origen social, religión, orientación sexual o condición física y mental, se comportarán con respeto y consideración con todas ellas.
    • Los niños no nacen con prejuicios.
    • No discriminan ni les importa el origen de otro niño, su cultura, o sus capacidades.

    Sin embargo, pueden adquirir de su entorno prejuicios que les lleven a discriminar o infravalorar a otros niños por considerarles diferentes. Por el contrario, un entorno abierto y respetuoso con las diferencias, fomenta en los niños una actitud tolerante y respetuosa hacia la diversidad. Porque Es Importante Que Se Cumplan Las Normas En Una Democracia Respetar las diferencias prepara a los niños para ser más tolerantes, apreciar a los otros, aprender de ellos y evitar que tomen decisiones basadas en estereotipos. ✓ El respeto a las normas Para saber vivir en sociedad es también importante que los niños aprendan a respetar las normas,

    • Es esencial que comprendan que éstas existen para velar por nuestra seguridad y para contribuir a mantener una buena convivencia en la que se respeten los derechos básicos de todas las personas.
    • Las normas sociales y las normas legales contribuyen a ello.
    • Veámoslas.
    • Las normas sociales promueven una convivencia pacífica basada en el respeto mutuo.

    No siempre están escritas, pero son conocidas por las personas que forman parte de una misma cultura. Algunas normas sociales son:

    Saludar y despedirse. Pedir las cosas por favor. Ceder el asiento a personas que lo necesiten (ancianos, mujeres embarazas, niños pequeños, personas lesionadas, etc). No gritar en espacios públicos ni poner la música a un volumen elevado. Respetar los horarios de sueño durante la noche. No tirar la basura en la calle ni en entornos naturales. Ser puntuales. Ser limpios y aseados.

    Las normas legales velan por nuestra seguridad y por una convivencia cívica. Su incumplimiento puede acarrear multas o penas de cárcel. Algunas de estas son: – Respetar la integridad física y psicológica de todas las personas independientemente de su condición (no agredir física ni verbalmente) – No robar ni estafar – Respetar la propiedad privada y el hogar de las personas – Respetar edificios y mobiliarios públicos y de otros – Devolver un préstamo dentro de plazo (un libro de la biblioteca, un coche alquilado, etc.) – No usar el móvil mientras se conduce – No exceder el límite de velocidad y respetar las señales de tráfico – Tener respeto y consideración hacia los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que velan por el cumplimiento de las normas y leyes y seguir sus instrucciones Porque Es Importante Que Se Cumplan Las Normas En Una Democracia El primer contacto de los niños con las normas comienza en el hogar. Estas les enseñan cómo comportarse en cada momento y les ayudan a sentirse seguros y protegidos. A medida que empiezan a socializar en otros ambientes (colegio, parque) aprenden las normas que regulan las interacciones sociales y el trato que le debemos a los bienes colectivos y al entorno.

    Por ejemplo, aprenden que no pueden golpear a otros niños, que los papeles se tiran en la papelera, que en la sala de espera del médico no se grita ni alborota, que no se pueden llevar el cubo de otro niño con quién jugó en el parque, o que tienen que darle la mano a sus padres para cruzar la calle.

    Los niños aprenden las normas poco a poco y es normal que en ocasiones las rompan para experimentar las consecuencias. Forma parte de su proceso de aprendizaje. A veces, romper una norma y experimentar sus consecuencias, les ayuda a entender verdaderamente la importancia que tiene y a cumplirla a partir de ese momento.

    • Aquellos niños y jóvenes que interioricen y comprendan el valor real de las normas, en el futuro serán personas más conscientes y responsables que probablemente evitarán realizar conductas de riesgo, como exceder la velocidad límite de velocidad al volante o conducir bajo los efectos del alcohol.
    • El respeto hacia el entorno Respetar el entorno y la naturaleza supone apreciar y cuidar el medio ambiente en el que vivimos y todo lo que forma parte de él: plantas, animales, ríos, mares, bosques, pueblos, ciudades, etc.

    Significa tener conciencia de la importancia de preservar el entorno y tomar medidas para reducir el impacto de nuestras acciones sobre el medio ambiente, del cual depende nuestra salud y bienestar. La educación en el respeto al medio ambiente se refiere a aspectos como: – El consumo responsable,

    • Hacer un uso moderado y consciente de los recursos contribuye al desarrollo sostenible.
    • El reciclaje como forma de dar una nueva utilidad a materiales ya usados y ahorrar energía y recursos.
    • El conocimiento de la naturaleza.
    • Estar familiarizados con medio natural ayuda a los niños desarrollar su sensibilidad hacia este.

    Desde pequeños, los niños pueden aprender a respetar y cuidar el entorno: sus objetos personales, su habitación, su escuela, el parque, las calles de la ciudad, etc. El respeto hacia el medio comienza en el hogar y podemos empezar enseñando a nuestros hijos a respetar su entorno más próximo: enseñarles a tirar la basura en la papelera, no pintar las mesas o paredes, limpiar lo que ensucian, cuidar de una planta o un animal doméstico, etc.

    1. Si desde pequeños nuestros hijos aprenden a valorar y cuidar aquello que les rodea, probablemente en el futuro serán personas más sensibles a los problemas medio ambientales y más conscientes de la importancia de proteger y cuidar nuestro planeta.
    2. El respeto a uno mismo «Pareces tonto/a, lo haces todo mal, eres un desastre, no vales para nada»,

    ¿Cómo te sentirías si alguien te hablase así? Probablemente, te enfadarías o te sentirías molesto. Insultar o descalificar alguien es una falta de respeto y de consideración hacia otra la persona. ¿Pero qué pasaría si te dieses este mensaje a ti mismo? ¿Sería aceptable? A menudo nos decimos a nosotros mismos palabras desagradables o insultos que probablemente no dirigiríamos a otra persona.

    Si no hablamos así a los demás, ¿por qué sí nos permitimos hablarnos sin respeto a nosotros mismos? Autorrespetarnos significa valorarnos a nosotros mismos. Supone aceptarnos tal y como somos, con nuestras virtudes y defectos, aceptando aquello que no podemos cambiar y trabajando en aquello en lo que queramos mejorar.

    Autorrespetarnos es reconocer nuestra valía y no juzgarnos duramente ni despreciarnos. Es hablarnos a nosotros mismos con amabilidad y comprensión. Es escuchar nuestras necesidades genuinas y darnos espacio y tiempo para satisfacerlas, como, por ejemplo, concedernos tiempo para descansar o para estar solos/as. Porque Es Importante Que Se Cumplan Las Normas En Una Democracia «Ante todo, respetaos a vosotros mismos», decía el filósofo Pitágoras. Cultivar el autorrespeto nos traerá a nosotros y a nuestros hijos una mayor autonomía e independencia emocional, ya que nuestro bienestar interior no dependerá tanto de la aprobación y el reconocimiento de los demás.

    • También nos permitirá comportarnos con mayor naturalidad y espontaneidad, expresar lo que pensamos y sentimos con consideración hacia los demás, y defender adecuadamente nuestros derechos.
    • Además, si nos autorrespetamos, nos relacionaremos con los demás con el mismo respeto con el que nos tratamos a nosotros mismos.

    El autocuidado de la salud es también otra forma de autorrespeto: cuidarnos para disfrutar de una buena salud y prevenir enfermedades, y cuidarnos para reestablecer la salud cuando padecemos una enfermedad o lesión. La prevención comienza por la adquisición de hábitos saludables, como llevar una alimentación sana y realizar una actividad física adecuada a la capacidad de cada persona, evitando el sedentarismo.

    Además, sabemos que los gustos no son universales y se pueden educar. El único alimento hacia el que los niños se ven atraídos innatamente es la leche materna. Las demás preferencias alimentarias se van adquiriendo con el tiempo y la experiencia. Por tanto, si ofrecemos frutas y vegetales frescos nuestros hijos desde que son pequeños (y evitamos los productos ultraprocesados y sobreazucarados), probablemente desarrollarán el gusto por estos alimentos y los comerán con ganas.

    Y no hay mejor manera de instaurar un hábito saludable en nuestros hijos que dando ejemplo de ello. Si nuestros hijos nos ven comiendo alimentos saludables y haciendo deporte con regularidad, les estaremos ayudando a interiorizar estos comportamientos que tanto bien les harán. Porque Es Importante Que Se Cumplan Las Normas En Una Democracia «El respeto hacia nosotros mismos nos ayudará a experimentar una mayor satisfacción interna y a vivir una vida más plena, sana y alegre» ¿Es el respeto un valor en crisis en la sociedad actual? Mucho se habla hoy en día de la importancia de este valor.

    1. Saber respetar a los demás es esencial.
    2. Supone reconocer y valorar las necesidades y derechos del otro y tener en cuenta sus sentimientos, capacidades o intereses.
    3. También significa tolerar y apreciar las diferencias y comprender que estas nos hacen crecer.
    4. ¿Está este valor en peligro? Mucho se habla también de la pérdida de este valor, principalmente entre los más jóvenes.

    Pero ¿por qué pierden los niños el respeto hacia los adultos? Existen muchos estudios sobre los posibles motivos de las pérdidas de respeto. Muchos de ellos apuntan a la importancia de los límites en la educación. En la guía completa sobre cómo educar en el valor del respeto intentaremos ofrecerte algunos consejos y recomendaciones para que transmitir este valor en familia pueda resultar más sencillo.

    • ¿Por qué es importante enseñar a nuestros hijos el valore del respeto? El respeto es un valor esencial para las sociedades humanas y está presente en todas las áreas de nuestras vidas.
    • Nos impulsa a relacionarnos con los demás con amabilidad y consideración, a tratarnos bien a nosotros mismos, y a valorar y cuidar el entorno que nos rodea.

    Los beneficios que obtendréis de educar en el respeto son muchos. Veamos los principales: El respeto en la familia: – Fortalece el vínculo afectivo entre padres e hijos. – Contribuye a crear un clima familiar más positivo y relaciones familiares más sanas. Porque Es Importante Que Se Cumplan Las Normas En Una Democracia Los niños que valoren y respeten la labor de sus profesores, fomentarán un clima positivo en el aula, donde docente y alumnos se sentirán más cómodos y motivados para enseñar y aprender. La sociedad en su conjunto se verá beneficiada: las personas respetuosas contribuyen con sus actos a crear una sociedad mejor, más tolerante, justa y pacífica.

    1. El respeto atrae respeto: si somos considerados con los demás, fomentaremos relaciones positivas basadas en el respeto y la consideración hacia el otro.
    2. Las personas respetuosas fomentan un ambiente de calma y son capaces de reconducir y apaciguar las situaciones especialmente tensas.
    3. Esto es beneficioso tanto para los demás como para ellas mismas.

    Sus relaciones personales, amistades, y relaciones laborales se verán muy beneficiadas, y pueden ser aptas para asumir tareas de responsabilidad y liderazgo. Porque Es Importante Que Se Cumplan Las Normas En Una Democracia Además, vuestros hijos podrán obtener una serie de beneficios muy valiosos para sí mismos y para la sociedad en general: – Una buena autoestima y confianza en sus propias habilidades. – Relaciones sociales más abiertas y saludables. – Capacidad para tomar sus propias decisiones sin verse condicionados por estereotipos o prejuicios.

    • Mayor empatía y sensibilidad hacia las necesidades de los demás.
    • Mayor comprensión y tolerancia hacia ideas o creencias distintas a las suyas.
    • Capacidad para gestionar y resolver conflictos de forma asertiva.
    • Capacidad para poner límites y hacer valer sus derechos.
    • Una mayor conciencia ambiental que les llevará a cuidar su entorno y desarrollar hábitos de vida sostenibles.

    – Mayor satisfacción interna. Una vida más plena y alegre. La capacidad de desarrollar el valor del respeto en los niños depende de otras cualidades. La capacidad de empatizar con el otro, la asertividad, el autocontrol, la humildad, la capacidad para escuchar al otro, la integridad personal.

    ¿Qué son los derechos humanos y cuál es la importancia?

    Universal e inalienable – El principio de universalidad de los derechos humanos es la piedra angular del derecho internacional de los derechos humanos. Esto supone que todos tenemos el mismo derecho a gozar de los derechos humanos. Este principio, como se recalcó primero en la Declaración Universal de Derechos Humanos, se repite en numerosas convenciones, declaraciones y resoluciones internacionales de derechos humanos.

    ¿Por que deben respetarse los derechos de todos por igual?

    ¿Por qué es importante la igualdad de derechos? Las personas no son iguales, sino equivalentes. Tienen los mismos derechos y son iguales ante la ley. Estos derechos humanos son un importante punto de partida para toda sociedad democrática. Los derechos humanos también son llamados derechos fundamentales.

    Son aquellos derechos en los cuales, por ejemplo, se reafirma que todos tienen libertad de expresión, que todos pueden profesar libremente su religión o creencia, que todos tienen derecho a la privacidad, manteniendo en privado su información personal. ¿Por qué son importantes estos tipos de derechos? Imagina que tales derechos no fueran válidos para todos.

    Que en tu país a cierto grupo de personas no se les permita expresarse libremente, no se les permite practicar su religión libremente. Que un grupo de personas, a pesar de no ser sospechosas de un delito, sean espiadas por el gobierno. Esa sería una sociedad muy incómoda.