En Que Consisten Las Normas Morales?

En Que Consisten Las Normas Morales
¿Qué son las normas morales? – Las normas morales son reglas de conducta impuestas por una sociedad que rigen el accionar de las personas de modo que puedan distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. Son reglas basadas en la ética que permiten encauzar la vida de una persona hacia el bien como el valor supremo.

  • Estas normas se cumplen de manera voluntaria y su incumplimiento carece de una sanción concreta, aunque conlleva el rechazo por parte de la sociedad que puede crear remordimiento en el individuo.
  • En el caso de las normas jurídicas, que también se rigen desde la ética, su incumplimiento sí tiene peso legal porque se basan en la justicia como valor social supremo y no solo en el bien como valor supremo.

La moralidad es la capacidad mental para reconocer qué es bueno y justo para luego actuar en consecuencia. La moral constituye un conjunto de normas y reglas consideradas éticas y aceptables, que permite llevar una vida armoniosa en comunidad, Muchas normas morales son de carácter universal, como «no matar» y «respetar a los demás».

  • Sin embargo, muchas otras normas dependen del contexto social y de su historia cultural.
  • Lo que en una población es considerado como moralmente correcto, en otra podría significar lo contrario.
  • Por ejemplo, en ciertas culturas es aceptada la poligamia (que una persona pueda casarse con varios individuos a la vez), mientras que en otras culturas eso es inaceptable y solo rige la monogamia (una sola pareja exclusiva).

Ver además: Normas sociales

¿Qué son las normas morales y un ejemplo?

Ejemplos de normas morales – Con respecto a lo que son las normas morales y sus ejemplos podemos decir que algunas se expresan o consideran como deberes, entre los cuales tenemos:

Emplear respeto cuando se trata con los demás. Ser responsables con el tiempo de los demás. Cuidar a los ancianos. Ser leales y honestos. Cumplir con las promesas que se hagan. Ser tolerante con las personas. Seguir las leyes y respetarlas. Cuidar el ambiente y el bien público. No tolerar la injusticia y denunciarla.

¿Qué son normas morales resumen?

Normas morales y normas jurídicas: ¿en qué se diferencian? – Las normas morales son códigos de conducta que establecen la forma correcta de comportarse y se transmiten a través de las costumbres y tradiciones. Aunque lo ideal es que todas las personas acaten estas normas, no necesariamente son castigados por la justicia quienes no lo hacen, apenas desaprobados por la sociedad.

  • Las normas jurídicas son establecidas por los organismos encargados de crear las leyes.
  • Fijan los deberes y derechos de todos los ciudadanos y se transmiten a través de instrumentos legales, como códigos civiles o reglamentos.
  • El incumplimiento de las normas jurídicas genera sanciones que variarán según la falta cometida.

Por ejemplo, un hecho violento puede acarrear desde meses hasta años de cárcel, dependiendo de la gravedad del delito. En muchos casos, las normas jurídicas coinciden con las normas morales. La falta de honradez expresada en el delito de robo tiene sanciones morales y legales.

Normas morales Normas jurídicas
Definición Lineamientos que establecen conductas correctas para un individuo o colectivo. Lineamientos que establecen deberes y derechos para un individuo o colectivo.
Quién las crea La sociedad, la religión, la cultura. Los organismos encargados de crear las leyes, tales como la Corte Suprema, los tribunales o el Congreso o el Senado de un país.
Cómo se transmiten A través de las costumbres y tradiciones. A través de instrumentos legales como códigos civiles, reglamentos, constitución, ordenanzas, etc.
Tipo de sanciones No hay sanciones.
  • Multas.
  • Cárcel.
  • Trabajo comunitario.
  • Otras sanciones definidas por las autoridades competentes.
Ejemplos
  • No mentir.
  • Ser respetuoso con las personas mayores.
  • No causar daño a otros.
  • No robar.
  • No aceptar sobornos.
  • No generar actos vandálicos.

Ver también:

  • Diferencia entre ética y moral,
  • Diferencia entre norma y regla,
  • Diferencia entre principios y valores,
  • Diferencia entre valores y antivalores,
  • Ejemplos de ética y moral

¿Qué caracteriza a las normas morales?

Ley moral – Encyclopaedia Herder No se ha añadido ninguna twiki todavía. práctica de la conducta que el hombre que actúa racionalmente se siente interiormente a aceptar. La ley moral se percibe como universalmente obligatoria, en el orden interno, para todas las personas y para todos los casos -principio objetivo del obrar-, y no meramente como la razón de actuar -principio subjetivo- de una persona concreta en una determinada situación.

  1. Más que una ley particular concreta, o más que un conjunto de leyes, es el hecho de reconocerse, en cuanto ser libre y racional, sometido al orden moral.
  2. Para, es la ley que se da a sí misma la voluntad, que consiste en «la necesidad de obrar por respeto a la ley» (), que se determina de forma más precisa con el,

: Ley moral – Encyclopaedia Herder

¿Quién establece las normas morales?

Con el propósito de regular la convivencia so- cial para garantizar el desarrollo armónico de las personas y el bien común, las sociedades crean leyes y normas que señalan lo que se espera de cada individuo en términos de su comportamien- to.

¿Qué son las normas morales Wikipedia?

De Wikipedia, la enciclopedia libre «Principios» redirige aquí. Para el álbum de Cepeda, véase Principios (álbum), Los principios son reglas o normas que orientan la acción de un ser humano cambiando las facultades espirituales racionales. Se trata de normas de carácter general y universal, como, por ejemplo: amar al prójimo, no mentir, respetar la vida de las demás especies, etc.

Los principios morales también se llaman máximas o precepto constitucional. Los principios éticos son declaraciones propias del ser humano, que apoyan su necesidad de desarrollo y felicidad. Los principios son universales y se los puede apreciar en la mayoría de las doctrinas y religiones a lo largo de la historia de la humanidad,

Immanuel Kant fundamenta la ética en la actividad propia de la razón práctica. Considera principios aquellas proposiciones que contienen la idea de una determinación general de la voluntad que abraza muchas reglas prácticas. Los clasifica como máximas si son subjetivos o leyes si son objetivos,

​ Los principios éticos son declaraciones propias del ser humano, que apoyan su necesidad de desarrollo, felicidad y responsabilidad, Se hace un principio ético como consecuencia del descubrimiento humano para catalogar una acción beneficiosa o perjudicial para sí mismo o su raza. Estas declaraciones guían su conducta, su percepción de la realidad y su pensamiento,

​ Por otro lado, Stephen R. Covey define los principios como faros y como leyes naturales que no se pueden quebrantar. Tal como observó Cecil B. DeMille en torno a los principios contenidos en su película « Los Diez Mandamientos »: «Nosotros no podemos quebrantar la ley.

Solo podemos quebrantarnos a nosotros mismos y en contra de la ley». Así, la « realidad objetiva », el territorio del ser humano, está compuesto por principios ( faros ) que controlan el desarrollo y la felicidad humana. Son, en sí, leyes naturales enraizadas en la estructura de todas las sociedades civilizadas a lo largo de la historia y de aquellas instituciones que han perdurado.

Algunos de estos principios son la rectitud, integridad, honestidad (Estos dos últimos crean los cimientos de la confianza ), la dignidad humana, el servicio o idea de contribuir, el potencial, entre otros. Tales principios son verdades profundas, de aplicación universal,

¿Cuál es la diferencia entre las normas sociales y morales?

La evolución de las sociedades ha ido acentuando la distinción entre los distintos tipos de normas que presiden la conducta del hombre en sociedad, Hay algunas normas cuyo respeto se reputa tan necesario a la convivencia social que el estado las impone con carácter obligatorio: son las normas jurídicas.

Pero no basta que la norma haya sido impuesta por el poder público, para considerarla derecho: para merecer este nombre, es preciso que sea conforme a la idea de justicia, Cabe agregar que existen normas obligatorias no impuestas por ninguna ley positiva, pero que surgen del derecho natural o de la costumbre.

La moral y el derecho, constituyen una suprema estructura que regulan las normas de conducta de personas conservan o cambian un estado son bilaterales, la moral se cumple o no dependiendo a quien se le esté aplicando, en cambio el derecho si se cumple.

La moral siempre ha existido, el derecho nació cuando hubo división de las clases sociales, es aquí donde las normas de convencionalismo social juega un papel especial, ya que estas son prácticas o normas que se realizan en una sociedad por un largo tiempo, por ejemplo procesiones las normas convencionales son unilaterales las normas unilaterales son de una sola persona Entre moral y Derecho, no existe una separación existen relaciones muy estrechas y necesarias.

Pero no todo lo que es moral es también Derecho, sólo aquella parte de los deberes morales cuyo cumplimiento, la sociedad de un determinado momento histórico, considera coactivamente exigibles se constituye como Derecho. Tanto la moral como el derecho son normas de conducta humana,

Pero la moral valora la conducta en sí misma, plenariamente en la significación integral y ultima que tiene para la vida del sujeto. En cambio el derecho valora la conducta desde un punto de vista relativo, en cuanto al alcance que tenga para los demás. Tanto la moral como el derecho se encaminan hacia la creación de un orden.

Pero el de la moral es el orden de interior de nuestra vida autentica. La moral gobierna la conducta social mediante dos virtudes, la caridad y la justicia. Y el derecho más de una vez penetra al fondo de las conciencias y juzga las intenciones. La moral es autónoma, se la impone el individuo a sí mismo, surge de una convicción propia.

  1. En cambio el derecho heterónomo, le es impuesto al individuo por el estado.
  2. La moral supone y requiere libertad en su cumplimiento, pues para que una conducta pueda ser objeto de un juicio moral es preciso que el sujeto la realice para sí mismo.
  3. En cambio, la norma jurídica es obligatoria, los individuos no pueden negarse a cumplirla, pues si lo hiciera el Estado los obligaría a cumplirla coactivamente;.

Lo dicho anteriormente no significa, en modo alguno, negar la existencia de sanciones en caso de violación de normas morales. La sanción moral puede o no ser respetado por los individuos, la norma jurídica debe ser cumplida inexorablemente y en garantía de ello, está presente la fuerza del Estado.

Los convencionalismos sociales, son denominados también las reglas de trato social, o normas convencionales, o usos sociales, son prácticas, modos o reglas de comportamiento generalmente admitidos en una sociedad o en uno de sus sectores y atañen a lo que llamamos decencia, decoro, urbanidad, tacto social, gentileza, buena crianza, moda, etiqueta, caballerosidad, buenas maneras, finura, buenos modales, gentileza, etc.

Hay usos sociales no vinculatorios, por cuanto su inobservancia no provoca ninguna reacción adversa de la comunidad, estos usos son no normativos, como por ejemplo, lo relativo a las horas que debemos tomar nuestros alimentos ; y hay otros que se caracterizan por revestir una cierta obligatoriedad por cuanto el grupo social presiona para obtener su cumplimiento y, por consiguiente, la conducta que se aparte de esa práctica o regla de trato social es reprochable socialmente, estos son los usos normativos.

  • Es necesario remarcar que, entre normas morales y reglas de trato social existen algunas semejanzas como el que una y otras regulan la conducta humana y ambas carecen de organismos estatales que impongan su cumplimiento de modo inexorable.
  • Tanto el que viola normas puramente morales, como el que infringe reglas de trato social no son pasibles de la aplicación coactiva de una sanción institucionalizada jurídicamente (esto es, regulada por el ordenamiento jurídico), sino que por sanción tendrán únicamente la reprobación social, el menosprecio de los demás, la exclusión de un determinado círculo colectivo, pérdida de prestigio y de honor, etc.

En lo que respecta a las relaciones y diferencias entre el derecho y los convencionalismos sociales, algunos autores niegan la independencia de estas últimas, por considerar que la conducta humana se halla sometida a normas morales o normas jurídicas, las primeras se orientan a la idea de lo bueno y las segundas a la realización de la justicia.

Esta división no se justifica por cuanto existen reglas de trato social como una categoría independiente de las normas morales y jurídicas. No todas las acciones intersubjetivas son esenciales en una sociedad, esencial es cumplir los contratos, indemnizar los daños y perjuicios causados a otros, y no esencial es saludarse por la calle o ceder el paso a las damas o adultos.

Los convencionalismos sociales, están paralelos con las normas morales y jurídicas. La conducta humana no está reglada solo por la moral y el derecho sino también por normas de trato social. Las reglas de simple trato se refieren a «la capa superficial del hombre», a los planos externos de la conducta, es decir, a aquellos que se verifica el contacto con las demás gentes, a lo que podríamos llamar piel social.

  • La profundidad de la vida, la intimidad, la esfera de las intenciones originarias, en suma, la auténtica individualidad, es lo afectado por la moral y es lo no alcanzado jamás por las reglas del trato.
  • Al establecer las diferencias entre la moral y los convencionalismos sociales, nos encontramos con que La moral es autónoma, es una imposición de la propia conciencia,

Por lo contrario, las reglas de trato social son heterónomas, le son impuestas al individuo por el medio social en que actúa. Las primeras requieren una adhesión íntima, las segundas, en cambio, solo procuran una adhesión externa. La moral no se conforma con el cumplimiento externo de la norma.

Las reglas de trato social tienen en común con las jurídicas su heteronomía, ambas le son impuestas al individuo por una autoridad externa a él. Pero en un caso la autoridad es la sociedad en que vive, en el otro la autoridad es el Estado, quien lo hace en ejercicio de su imperium. De ahí desprende esta diferencia fundamental: el que infringe una regla de simple trato se expone a sanciones, pero, como en el caso de las sanciones morales, pueden cumplirse o no, dependiendo su eficacia de la sensibilidad con que reaccione ante ellas el individuo.

En cambio la coactividad jurídica, tiende al cumplimiento inexorable de la ley, llegando si es necesario a la compulsión física para lograr ese objeto.

¿Qué es la ley moral y en qué consiste en todo ser humano?

Ley civil y ley moral: la defensa de la vida Aun siendo una cuestión siempre presente en la reflexión político-jurídica, las relaciones entre ley civil y ley moral adquieren nueva actualidad en los temas relacionados con el derecho fundamental de la vida por la tendencia que existe a exigir una legitimación jurídica de los atentados contra la vida, como si fueran derechos que el Estado debe reconocer a los ciudadanos y, por tanto, asistir directamente.

  1. Nos encontramos, seguramente, en la encrucijada de la cuestión, pues el derecho fundamental de la vida y su protección universal es precisamente el terreno donde típicamente la ley civil y la ley moral se encuentran.
  2. Estas reflexiones quieren seguir el mismo itinerario que Juan Pablo II nos marca al abordar esta cuestión clave en su encíclica Evangelium Vitae (68-74).

Sus enseñanzas se encuentran en sintonía esencial con el magisterio de sus antecesores, y muy especialmente con su encíclica Centessimus Annus y el documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe «Donum Vitae». La doctrina mostrada en todos estos documentos responde a lo que M.

  • Siguiendo los pasos de la misma encíclica, esta intervención se compone de cinco apartados.
  • Primera parte: contexto moral.
  • Segunda parte: la visión del Estado en el supuesto relativista y la línea constitucionalista de la EV.
  • Tercera parte: relaciones entre ley civil y ley moral.
  • Cuarta parte: cuestiones morales que aparecen en estas relaciones.
  • Quinta parte: la defensa de la vida.
  • Primera parte: el contexto moral

La compresión que el sistema jurídico tiene de la relaciones entre la ley civil y la ley moral y la forma en como entiende su propio papel en el entramado social están enmarcadas en un contexto ético determinado, el que nos toca vivir en estos momentos.

Las tendencias más relevantes son enumeradas a continuación y su influencia supera el ámbito del tema que nos ocupa pues atraviesa todas las formas de convivencia en la sociedad. Nos corresponde ahora destacar su impacto en el deber que el Estado tenga de proteger el derecho fundamental a la vida. En primer lugar observamos el influjo de una ética proporcionalista en la tendencia a ponderar el valor de la vida de las personas como un bien relativo a cotejar con otros valores/intereses en las acciones humanas.

La influencia de las distintas corrientes proporcionalistas en los planteamientos éticos de la sociedad ha sido inmensa en los últimos 30 años y la comunidad católica no ha quedado completamente ajena a ella. Sin duda, percibimos en el éxito de estos planteamientos una crisis de la manualística clásica, que ha caído en su forma más habitual en un racionalismo que duda de la capacidad del agente moral para percibir la originalidad de la bondad en sus actos y en un voluntarismo que ha visto la ley como mera expresión de una voluntad superior y se ha terminado convirtiendo, en algunos casos, en una ética meramente formal en el plano filosófico, que infravalora el significado de la experiencia.

Son posiblemente sus carencias en la justificación racional necesaria, especialmente en un contexto más plural en el que ahora nos movemos, las que han favorecido el nacimiento y extensión, incluso dentro de la Iglesia, de estas nuevas fórmulas éticas, que centran la moralidad de los actos en lo que se denomina «sentido moral».

Éstas producen una ruptura inadmisible entre lo que sería la bondad intencional, en la que residiría la justificación última de la acción y la «rectitud» de los actos, que correspondería con el acierto en el cálculo realizado, como explica la encíclica Veritatis Splendor: » la corriente proporcionalista pondera entre sí los valores de los actos y los bienes perseguidos.

  • Se interesa más bien en la proporción que reconoce entre sus efectos buenos y sus efectos malos, en vista del bien mayor o del mal menor realmente posibles en una situación particular.
  • En un mundo en el que el bien siempre estaría mezclado con el mal, y todo efecto bueno ligado a otros efectos malos, la moralidad del acto sería juzgada de manera diferenciada: su «bondad moral», a partir de la intención del sujeto respecto a los bienes morales, y su «rectitud», a partir de la consideración de los efectos o de las consecuencias previsibles y de sus proporciones»,

Sin duda, los planteamientos consecuencialistas son el caldo de cultivo de la extensión, siempre necesariamente minoritaria, también de la ética de la responsabilidad, como la considera Max Weber. Detrás de esta denominación tan atrayente se encuentra un ética «de clase» cuyo único objetivo es la eficacia en alcanzar los fines supuestamente morales que un grupo especialmente capaz se propone realizar a cualquier precio, incluso la violencia.

  1. Los que se adscriben a esta ética se comprenden a sí mismos situados, por así decirlo, más allá de la moral convencional, y la búsqueda de la consecución de los fines que persiguen se traduce en la práctica en una lógica de poder.
  2. Se denomina ética de la responsabilidad como si alguien pudiera hacerse plenamente responsable, con buena conciencia, de actos moralmente reprobables por su especial capacidad de predecir la obtención de un estado de cosas que constituiría un bien mayor, consintiendo así su realización.

En un territorio muy cercano se encuentran las posiciones morales, habitualmente denominadas «de situación», que afirman que sólo es posible realizar un juicio moral en el momento en el que el agente se encuentra, de hecho, temporalmente involucrado en el acontecimiento mismo, y sólo ser él mismo el que lo realice.

Este modelo no permite formular afirmaciones generales ni absolutas sobre la verdad moral más que en un nivel general, abstracto, que no será más que un punto de referencia que orientará la acción concreta. En el caso mismo, el agente podrá establecer las excepciones a la regla que estime oportunas según criterios de interés particular.

Los modelos de deliberación moral de las éticas procedimentales presuponen esta concepción, cuya arbitrariedad es difícil de eludir. También constituye una separación en niveles, la moral de la llamada opción fundamental. Según ésta, en la vida moral habría que distinguir, por una parte, la opción fundamental, que se corresponde con el acto de la voluntad que está orientado al bien o al mal y los actos cotidianos o concretos, a los que sólo se les puede calificar como correctos o incorrectos en orden a su congruencia con la opción fundamental que es la única que tiene significado moral.

Desde esta posición los actos deliberados podrían ser no sólo distintos, sino estar en total disociación con la opción fundamental, sin afectar esto a la responsabilidad del agente. Se entiende, por otro lado, que en este contexto, cualquier intervención del Estado y en general, de cualquier persona o institución en la acción se interpreta como una violación de lo que es un ejercicio intransferible de autonomía moral absoluta.

Esto nos coloca en lo que EV denomina la postura moral más radical, que en ocasiones se propone, que es la que postula que en una sociedad pluralista, se debería reconocer a cada persona una plena autonomía para decidir disponer de su vida y de la vida de quien aún no ha nacido.

En el campo de la reflexión bioética de las últimas décadas, dominadas casi completamente por la posición principialista de origen anglosajón, se percibe una evidente tendencia autonomista. » A la autonomía se le da, de hecho, el lugar predominante a causa de la fe en el individualismo, que comparten todos los posicionamientos políticos, que consiste en dar a las personas el máximo de libertad en perjuicio de sus propias vidas y valores «.

Subyace detrás de esta tendencia una nueva antropología. No se trata ya de un aumento de la consideración del principio de autonomía cuando se encuentra en conflicto con otros valores relevantes, incluso los clásicamente entendidos como superiores – al menos en un principialismo jerarquizado de aceptación mayoritaria en nuestro entorno – sino del cambio de perspectiva global de las relaciones sanitarias mismas, que toman un nuevo eje de coordenadas: el referente ético principal es la autodeterminación, » the first among equals» como traduce R.

  1. Gillon la clásica expresión latina en su reciente apología principialista.
  2. Aquí vemos también cómo una determinada visión de la moral de tendencia autonomista se da de la mano con una concepción de la vida social en la que las exigencias que la ley civil traiga a los ciudadanos no pueden exceder nunca las reglas de una lógica meramente contractual.

Segunda parte: La Visión del Estado en el supuesto relativista y la línea constitucionalista de la EV La idea de Estado moderno se nutre de estas convicciones ampliamente extendidas en la sociedad. Se entiende que la función primordial de la autoridad no es otra que garantizar el espacio lo más amplio posible a las libertades individuales, regulando exclusivamente aquellos conflictos que se produzcan cuando los individuos tengan intereses enfrentados.

La sociedad es el resultado de la gestión adecuada de una multiplicidad de intereses diversos, con el fin de garantizar los espacios máximos de libertad a cada uno, o como dice MacIntyre: » la sociedad no es más que una colección de desconocidos que persiguen su interés bajo un mínimo de limitaciones «.

Es evidente que esta concepción se sustenta en una idea de libertad que no se ve como la capacidad del hombre de optar por el bien que, de hecho, es capaz de percibir detrás de cada acción, aquella praxis que permite al hombre alcanzar su propia plenitud, sino como una mera emancipación de todos los impedimentos que le permitan realizar su voluntad.

  1. Es una libertad de indiferencia respecto a ninguna verdad, que se pone en práctica mediante una elección sin condicionamientos.
  2. En esta línea se situaba el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero el pasado 16 de julio del 2005, cuando afirmaba, en una escuela de verano de las juventudes socialistas de Madrid: « no es la verdad la que nos hace libres, sino la libertad la que nos hace verdaderos».

Respecto al ordenamiento jurídico, dos principios aparecen complementarios entre sí. Por un lado el presupuesto relativista, que afirma que no es posible el conocimiento de ninguna verdad común a todos los ciudadanos y por otro lado y al mismo tiempo complementario, el principio por el que la acción de los gobernantes y, concretamente la tarea legislativa que tienen encomendada, consiste sencillamente en percibir y asumir las convicciones de la mayoría, cualquiera que estas sean, para hacerlas prevalecer por medio de la ley positiva.

Las consecuencias de este planteamiento son dos: Por un lado los ciudadanos, piden el máximo de autonomía individual en la vida social, exigiendo que se les facilite la realización de sus decisiones independientes. Por otro lado el político, está obligado a distinguir completamente entre lo que es su propia conciencia y lo que es el ejercicio público de su cargo.

Esta separación debe extenderse a todos los funcionarios y profesionales que desempeñen funciones públicas, cuyas convicciones y valores personales deben permanecer completamente en el ámbito de su vida privada y cuya función es la de satisfacer las exigencias y requerimientos del resto de la sociedad a la que sirven.

  1. Todos estos descargan su responsabilidad moral en el mero cumplimiento de la ley vigente.
  2. Quiero volver ahora a las aportaciones que la misma personalidad realiza a este respecto, con el fin de percibir su continuidad con lo referido anteriormente: el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el pasado 27 de marzo, en Sevilla, con motivo de los actos de inauguración del Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa (CABIMER), defendió la investigación con células madre embrionarias al tiempo que mostraba su rechazo a que » los frenos artificiales procedentes del ámbito de la conciencia personal se impongan colectivamente para impedir el progreso » Así se extiende también una idea meramente formal de conciencia.

El Concilio Vaticano II, en su Constitución Gaudium et Spes enseña que en la conciencia resuena una ley que el hombre no se da a sí mismo, que debe obedecer. Esta es una llamada a abrirse a una verdad objetiva, universal, que es igual para todos. Es precisamente en esta relación con la verdad, a la que se debe, en donde la conciencia encuentra su dignidad y justificación, como mostraba Juan Pablo II en su primera encíclica » Jesucristo sale al encuentro del hombre de toda época, también de nuestra época, con las mismas palabras: Conoceréis la verdad y la verdad os librará.

Estas palabras encierran una exigencia y una advertencia: la exigencia de una relación honesta con la verdad, como condición de una auténtica libertad; y la advertencia de que se evite cualquier libertad aparente, cualquier libertad superficial y unilateral, cualquier libertad que no profundice en toda la verdad sobre el hombre y sobre el mundo «.

Sin embargo, otra idea de conciencia se reduce a una simple condición formal de moralidad. » Según algunos moralistas, los actos de conciencia ya no serían juicios sino decisiones adoptadas con plena autonomía «. La calificación moral dependería de la autocomprensión del individuo determinada siempre cultural y circunstancialmente.

Así la conciencia es la subjetividad elevada a criterio último de la acción. Por lo tanto ya no se puede mantener que la conciencia sea una instancia irrenunciable. El desarrollo de la legislación moderna se ha dado en paralelo a la ampliación progresiva de las libertades individuales, que en estos momentos se extiende hasta reconocer un pretendido derecho de dar muerte a los débiles y los aún no nacidos.

De esta manera una legislación centrada en la libertad se acaba convirtiendo en una amenaza para los derechos humanos fundamentales. Esta es una tendencia que repite una historia ya pasada: la constitución de Weimar, la de la primera república alemana de 11 de agosto de 1919, es un buen ejemplo de cómo una idea de libertad y tolerancia sin límites junto con una posición relativista frente a todo valor firme es la antesala de la desaparición paulatina de la libertad.

  1. La absolutización de la tolerancia hasta llegar al relativismo total relativizó también los derechos fundamentales de tal manera que el régimen nazista no encontró ningún motivo para tener que quitar estos artículos.
  2. Tras las terribles experiencias de los acontecimientos que siguieron a aquellos años, hoy nos encontramos con sociedades en las que está afianzada la confianza en la democracia.

Tras la Segunda Guerra Mundial casi todos los países han ido ajustando sus legislaciones a modelos de Estado más participativos, que eviten la acumulación del poder que padecieron los regímenes totalitarios y que garantice el ejercicio de las libertades individuales respetando los derechos fundamentales.

Ya León XIII mostraba la importancia de la división de poderes legislativo, ejecutivo y judicial, lo cual constituía entonces una novedad en las enseñanzas de la Iglesia, en su encíclica Rerum Novarum. «Éste es el principio del Estado de derecho, en el cual es soberana la ley y no la voluntad arbitraria de los hombres » También es éste precisamente el gran logro de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada en el año 1948 por la inmensa mayoría de los países del mundo, que ha servido de inspiración a buena parte de sus constituciones.

Sin embargo, en las sociedades modernas, por la influencia de esta concepción de libertad y por la máxima relativista adoptada como norma de convivencia, la democracia corre el riesgo de alejarse de los valores que la fundamentan. » Hoy se tiende a afirmar que el agnosticismo y el relativismo escéptico son la filosofía y la actitud fundamental correspondientes a las formas políticas democráticas, y que cuantos están convencidos de conocer la verdad y se adhieren a ella con firmeza no son fiables desde el punto de vista democrático, al no aceptar que la verdad sea determinada por la mayoría o que sea variable según los diversos equilibrios políticos «.

  1. Estas posiciones en el plano filosófico se alían con una sociedad tecnológica de marcado espíritu eficiencista que no encuentra razones para poner límites a las acciones que puedan resultar de utilidad, según la máxima tecnológica: «lo que se puede hacer, se debe hacer.»
  2. Para terminar con el ejemplo referido antes, protagonizado por el Presidente del Gobierno en la inauguración del CABIMER, en el que se daba el visto bueno del gobierno para la investigación con embriones humanos, con el respaldo de la entonces anunciada reforma de la ley de reproducción asistida, él terminaba diciendo: «» Nada puede ser más moral que preservar la salud, curar la enfermedad y evitar el dolor «, dando a entender que la utilidad práctica de las acciones de investigación con embriones – aunque resulte hipotética en estos momentos – hace despreciable otras consideraciones respecto a los medios empleados, o mejor dicho, hace legítima moralmente la investigación misma.
  3. Pero en una sociedad en la que la lógica imperante es la de la eficiencia, el consenso puede ser la estrategia del dominio de los más fuertes.
  4. Allí donde el criterio decisivo de reconocimiento de los derechos es la mayoría, allí donde el derecho a expresar la propia libertad puede prevalecer sobre el derecho de una minoría que no tiene voz, allí la fuerza se ha convertido en el criterio del derecho, el derecho de la fuerza prevalece sobre la fuerza del derecho.

» En efecto, en los mismos regímenes participativos la regulación de los intereses se produce con frecuencia en beneficio de los más fuertes, que tienen mayor capacidad para maniobrar no sólo las palancas del poder, sino incluso la formación del consenso.

En una situación así, la democracia se convierte fácilmente en una palabra vacía «. » Mirando las cosas desde este punto de vista, se puede hablar, en cierto sentido, de una guerra de los poderosos contra los débiles. Quien, con su enfermedad, con su minusvalidez o, más simplemente, con su misma presencia pone en discusión el bienestar y el estilo de vida de los más aventajados, tiende a ser visto como un enemigo del que hay que defenderse o a quien eliminar.

Se desencadena así una especie de « conjura contra la vida », que afecta no sólo a las personas concretas en sus relaciones individuales, familiares o de grupo, sino que va más allá llegando a perjudicar y alterar, a nivel mundial, las relaciones entre los pueblos y los Estado s» El modelo eficiencista centrado en la obtención de resultados de utilidad práctica no es capaz de construir una ética que consiga hacer preservar los valores fundamentales.

John Rawls ya demostró como la exigencia de justicia no puede fundarse en el cálculo de las consecuencias, porque: 1º.- Las consecuencias ventajosas para la mayoría pueden ser muy perjudiciales para alguna de las minorías restantes.2º.- Es indiferente para la lógica de la eficiencia que las ventajas obtenidas se acompañen de formas de corrupción moral.3º.- Nunca es posible disponer de información suficiente para decidir en función de las consecuencias.

Se desconocen los efectos a largo plazo de nuestras acciones.4º.- La lógica eficiencista consiste en una inhabilitación moral de las personas normales a favor de otras que dicen saberlo todo.5º.- El eficiencismo es inconsecuente; el consecuencialista rechaza aceptar las consecuencias de sus decisiones.6º.- Promueve la extorsión, pues el consecuencialista siempre está preparado para cometer un homicidio si se le amenaza con que de no hacerlo se cometerán otros diez.7º.- Para los consecuencialistas sólo existen compromisos frente a personas individuales de modo indirecto.

El auténtico objeto moral sólo sería «lo mejor» tomado genéricamente. La realidad es que ningún hombre, ni ninguna sociedad pueden vivir a la larga con ese concepto de responsabilidad sin corromperse moralmente y sin sentirse permanentemente presionado. Estas concepciones se encuentran en oposición con las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia que muestra una idea de Estado diversa, de corte constitucionalista.

Ahora nos interesa destacar especialmente la necesidad que cualquier Estado democrático tiene de fundamentar sus actuaciones y su ordenamiento jurídico en un conjunto mínimo de valores básicos que no se encuentren sujetos a la negociación por parte de los miembros de la sociedad.

Toda comunidad política, para subsistir, debe reconocer al menos un mínimo de derechos objetivamente fundados, no concordados mediante convenciones sociales, sino previos a toda reglamentación política del derecho. Si el conjunto de los ciudadanos y sus gobernantes llegan a poner en cuestión hasta los principios morales más básicos, aquellos valores sobre los que se fundamenta la sociedad, que provienen de la misma ley moral objetiva, » el mismo ordenamiento democrático se tambalearía, reduciéndose a un puro mecanismo de regulación empírica de intereses diversos y contrapuestos,

» Es necesario que los pueblos que están reformando sus ordenamientos den a la democracia un auténtico y sólido fundamento, mediante el reconocimiento explícito de estos derechos. Entre los principales hay que recordar: el derecho a la vida, del que forma parte integrante el derecho del hijo a crecer bajo el corazón de la madre, después de haber sido concebido; el derecho a vivir en una familia unida y en un ambiente moral, favorable al desarrollo de la propia personalidad; el derecho a madurar la propia inteligencia y la propia libertad a través de la búsqueda y el conocimiento de la verdad; el derecho a participar en el trabajo para valorar los bienes de la tierra y recabar del mismo el sustento propio y de los seres queridos; el derecho a fundar libremente una familia, a acoger y educar a los hijos, haciendo uso responsable de la propia sexualidad.

Fuente y síntesis de estos derechos es, en cierto sentido, la libertad religiosa, entendida como derecho a vivir en la verdad de la propia fe y en conformidad con la dignidad trascendente de la propia persona «. Tercera parte: relaciones entre ley civil y ley moral Es por ello que la encíclica Evangelium Vitae dedica varios números a recordar la doctrina tradicional sobre cuáles deben ser las relaciones entre la ley civil y la ley moral que reconozcan la existencia y garanticen la tutela de los derechos humanos esenciales y originarios, de los que el fundamental es el de la vida.

» Vivimos un nuevo contexto en el que amplios sectores de la opinión pública justifican algunos atentados contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual, y sobre este presupuesto pretenden no sólo la impunidad, sino incluso la autorización por parte del Estado, con el fin de practicarlos con absoluta libertad y además con la intervención gratuita de las estructuras sanitarias»,

  1. Es en este contexto donde es necesario recordar las relaciones ley civil y ley moral.
  2. Elementos fundamentales de las relaciones entre ley civil y Ley moral El primero de los atributos de estas relaciones es la diferencia: la ley civil y la ley moral no obedecen a la misma lógica práctica.
  3. El cometido de la ley civil y de la ley moral es diverso y de ámbito más limitado que el de la ley moral» La ley civil posee tanto una lógica ético-práctica específica, como un ámbito de aplicación diverso.

El objeto formal de la ley civil es hacer posible la vida de los hombres en comunidad. Sin embargo la ley moral no es otra cosa que la luz del intelecto o de la razón práctica, que ordena los actos de cada uno de los hombres al fin de la vida humana: la felicidad.

Distingue lo que es bueno o malo en las acciones humanas. Contiene los principios que orientan el obrar humano hacia el bien que perfecciona al agente, hacia la virtud moral. La ley moral regula el obrar mirando a la bondad de los propios actos y la ley civil regula las relaciones entre los individuos mirando el bien común.

Por supuesto, la bondad de los propios actos incluye el hacer el bien a los demás. Y aunque la acción civil no se propone hacer buenos a los hombres, la acción legislativa tiene una responsabilidad en promover y favorecer las condiciones en las que esto sea posible.

Lo que se prohíbe por la ley civil es relevante en el plano moral, pero no necesariamente al contrario. Lo que es relevante y grave para la perspectiva moral, no debe ser regulado por esa sola razón por la ley civil» » La ley civil a veces deberá tolerar, en aras del orden público, lo que no puede prohibir sin ocasionar daños más graves.

Sin embargo, los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política «, La función de la ley civil está en completa conexión con la tarea de garantizar los derechos fundamentales de los ciudadanos: » La misión de la ley civil consiste en garantizar el bien común de las personas mediante el reconocimiento y la defensa de los derechos fundamentales, la promoción de la paz y de la moralidad»,

  1. Es decir: el bien común político es la medida de valoración ético-política de las leyes civiles.
  2. Ya Juan XXIII, recogiendo múltiples intervenciones magisteriales de sus antecesores ligaba absolutamente la consecución del bien común con la necesidad de garantizar los derechos fundamentales: » En la época moderna se considera realizado el bien común cuando se han salvado los derechos y los deberes de la persona humana.

De ahí que los deberes fundamentales de los poderes públicos consisten sobre todo en reconocer, respetar, armonizar, tutelar y promover aquellos derechos, y en contribuir por consiguiente a hacer más fácil el cumplimiento de los respectivos deberes. «Tutelar el intangible campo de los derechos de la persona humana y hacer fácil el cumplimiento de sus obligaciones, tal es el deber esencial de los poderes públicos,

  • Respecto a su naturaleza limitada, la EV, añade: » En ningún ámbito de la vida la ley civil puede sustituir a la conciencia ni dictar normas que excedan la propia competencia «,
  • El segundo de los atributos es el que se refiere a la necesaria conformidad de la ley civil con la ley moral, reconocida por otro lado por la cultura jurídica que comparte la visión de la preeminencia de los derechos humanos sobre las leyes.

Como dice Centessimus Annus: » existe una fundamental congruencia entre la verdad sobre la persona humana y la cultura moderna de los derechos del hombre, especialmente evidente en el principio de subordinación de la democracia al derecho, a los derechos humanos «.

  1. A este respecto M.
  2. Ronheimmer afirma que » la EV no pretende poner en duda la legitimidad de los mecanismos mayoritarios democráticos.
  3. No pretende siquiera afirmar, más sencillamente, que una ley que no esté en plena consonancia con la ley moral, resulte ipso facto ilegítima.
  4. La encíclica no establece una contraposición entre democracia o cultura de los derechos del hombre de una parte y «ley moral» por otra.

Declara, por el contrario, que el derecho civil, y en particular las constituciones comprensivas de los derechos fundamentales de la persona, contiene una dimensión moralmente relevante, expresión de esa verdad sobre el hombre, que al final es también medida de legitimidad para cada decisión tomada democráticamente por mayoría»,

El poder del Estado está subordinado, por tanto, al reconocimiento y a la garantía de los derechos de la persona y la mediación entre exigencias morales y orden jurídico-político se realiza a través del derecho constitucional en cuanto comprensivo de los derechos fundamentales de la persona. Esto supone que aunque las leyes justas son siempre mejorables, al menos desde una perspectiva jurídica meramente técnica, y las leyes inicuas son inicuas también en mayor o menor medida, existe siempre una distancia insalvable entre las primeras y las segundas.

Las leyes que reconocen el derecho al aborto y a la eutanasia, implican un trato desigual de las personas que componen la sociedad puesto que no reconocen el derecho original y primario de la vida a todos sus miembros de la misma manera. Es por esto que estas leyes además de ser contrarias a la ley moral, niegan la protección civil de los derechos fundamentales de las personas y en consecuencia: son leyes injustas y por tanto, carentes de valor jurídico alguno.

» Por esta razón, aquellos magistrados que no reconozcan los derechos del hombre o los atropellen, no sólo faltan ellos mismos a su deber, sino que carece de obligatoriedad lo que ellos prescriban «, También podemos destacar múltiples afirmaciones en este sentido del propio Santo Tomás de Aquino, que a su vez cita a San Agustín: » La ley humana es tal en cuanto está conforme con la recta razón y, por tanto, deriva de la ley eterna.

En cambio, cuando una ley está en contraste con la razón, se la denomina ley inicua; sin embargo, en este caso deja de ser ley y se convierte más bien en un acto de violencia » y añade: » Toda ley puesta por los hombres tiene razón de ley en cuanto deriva de la ley natural.

  • Si las leyes injustas se pueden clasificar en cuatro grupos,
  • 1) Leyes que pretenden regular comportamientos que no son relevantes para el bien común.
  • 2) Leyes que lesionan o privan de la necesaria tutela bienes o derechos que pertenecen al bien común (los derechos fundamentales de la persona, el orden público, la justicia, etc).
  • 3) Leyes no promulgadas legítimamente.
  • 4) Leyes que no distribuyen de manera equitativa y proporcional entre los ciudadanos las cargas y beneficios que se derivan de la vida en común.

Nos encontramos en este caso ante leyes injustas por la segunda razón, al menos. A estas, como a las primeras, se impone la objeción de conciencia. Esta y otras cuestiones morales son tratadas a continuación.

  1. Cuarta parte: cuestiones morales que aparecen en estas relaciones.
  2. Analizamos ahora algunas cuestiones de naturaleza moral que aparecen en relación con estos principios enunciados, como son:
  3. 1.- La objeción de conciencia

2.- La participación en las mal llamadas leyes imperfectas.3.- La Colaboración con acciones malas y los actos intrínsecamente malos Objeción de conciencia Podemos comenzar recogiendo el testimonio de las comadronas de los hebreos, descrito en el libro del Éxodo, que se opusieron al faraón, que había ordenado matar a todo recién nacido varón.

  • Ellas » no hicieron lo que les había mandado el rey de Egipto, sino que dejaban con vida a los niños «.
  • Las mujeres de Israel muestran en esta escena una valentía admirable.
  • Inmersas en el inmenso sufrimiento de la esclavitud, velaban por cada miembro de la familia, desafiando el mandato del Faraón que había ordenado la muerte de todo recién nacido: » Entonces Faraón dio a todo su pueblo esta orden: ‘Todo niño que nazca lo echaréis al Río; pero a las niñas las dejaréis con vida ‘»,

Shifrá y Puá se resistieron y no tardaron en ser llamadas al orden, debiendo explicar su desacato: » Llamó el rey de Egipto a las parteras y les dijo: ‘¿Por qué habéis hecho esto y dejáis con vida a los niños?’ Respondieron las parteras a Faraón: ‘Es que las hebreas no son como las egipcias, -son más robustas-, no necesitan de parteras, hacen nacer a sus críos sin ayuda, -o quizás aman la vida y por ello hacen nacer-, y antes que llegue la partera ya han dado a luz.

  1. ‘». Las leyes inicuas que atentan contra los derechos fundamentales establecen una grave y precisa obligación de oponerse a ellas mediante la objeción de conciencia.
  2. Esta objeción pertenece a la historia de la vida de la Iglesia desde siempre, especialmente en sus comienzos cuando la comunidad cristiana vivía en un contexto social que rendía devoción al césar y, por tanto, encontraba constantemente conflicto con el culto debido a Dios mismo.

La experiencia de la Iglesia es que esta objeción comporta, en ocasiones, graves consecuencias para la persona que la practica, incluso cuando este ejercicio debería siempre reconocérsele como derecho fundamental. Son muchas veces las legítimas aspiraciones de progreso personal o el deseo que conservar una posición alcanzada tras el esfuerzo de muchos años los que pueden estar en juego.

  1. Sin embargo el Magisterio reafirma su enseñanza: En el caso pues de una ley intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella, » ni participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni darle el sufragio del propio voto «.
  2. A este respecto, ofrece mucha luz la célebre sentencia de Séneca que recoge admirablemente la lógica de una moral que antes de nada se niega a realizar actos deshonestos: » siempre es peor para la persona cometer una injusticia que padecerla «.

Esta acción puede ser mal interpretada como una desobediencia a la autoridad legítimamente constituida, y ésa suele ser la tentación de los gobernantes. Sin embargo, hay que destacar que la persona que realiza la objeción de conciencia cuando se encuentra en una situación en la que percibe la posibilidad de la negación de algún valor fundamental, no lo hace como mera expresión de su criterio particular, sino en el convencimiento de que la vulneración de este principio es algo que ni él ni nadie nunca debería realizar: su actitud se sale de la esfera de lo privado; su acto tiene una dimensión pública.

  • El objetor cree que existe una verdad superior, que todos deberían reconocer.
  • La objeción de conciencia, posee además una eficacia específica en un contexto en el que la » conjura contra la vida » se manifiesta precisamente gracias a la complicidad de todos los agentes que median en las acciones contra ella.

El objetor, con su resistencia a participar en esa cadena de acciones, denuncia su maldad, al tiempo que impide que éstas se sucedan impunemente. Las mal llamadas leyes imperfectas Este apartado de la Evangelium Vitae ha despertado un gran debate, al ser inadecuadamente entendido por muchos autores como una abusiva utilización del principio del mal menor.

En algunos países, como Polonia, donde la cultura social contra el aborto ha tenido una vigencia suficiente como para no permitir su despenalización, no se termina de comprender adecuadamente el contexto que se está describiendo en estos casos. Nos situamos en una situación determinada: un parlamentario se encuentra ante la votación de propuestas legislativas que limitarán los daños de una ley abortista en vigor, de manera que al ofrecer su apoyo, su propósito es limitar los efectos negativos que esa ley está produciendo.

Como puede observarse, la acción del parlamentario no precisa de la elección de ningún mal moral, sino que consiste en optar por eliminar todos los efectos negativos que se pueda, de una ley injusta que está ya vigente y que no es posible derogar. Entre las acciones que baraja el parlamentario no hay ningún mal por el que optar.

En este caso, tanto el mal mayor como el menor lo causan otros, cuya acción no puede ser totalmente impedida por el parlamentario. Todo esto no puede equiparse al principio del mal menor: ante males evitables, hay que elegir el menor de ellos. A este respecto, se percibe una tendencia ascendente en la pretensión de justificar multitud de actos aplicando el principio del mal menor.

Pero la utilización de este principio es sólo posible en circunstancias de excepción y en un contexto que presuponga la exigencia de una verdad moral objetiva. » Este principio sólo es aplicable en el contexto de una ética que afirma que la diferencia entre mal moral y todos los demás males no es cuantitativa sino esencial.

  1. El mal moral es el peor de los males.
  2. No se trata de los males que se pueden incurrir por la elección sino de la elección en sí misma «.
  3. En una elección mala, la persona se hace mala a sí misma, según una moral de primera persona que podemos ver recogida admirablemente en la célebre sentencia de San Gregorio de Nisa: » mediante nuestras acciones, nos convertimos en cierto modo en nuestros mismos progenitores, creándonos como queremos y con nuestra elección dándonos forma como queremos «.

En el supuesto consecuencialista, que decide según la ponderación de los bienes y los males esperables de nuestros actos, este principio corre el riesgo de aplicarse a todos los casos, puesto que uno puede siempre ver como mal menor una elección que, obviamente, se elige no por ser un mal sino porque se estima en algún sentido como un bien, al menos por el agente, a pesar de su maldad.

San Anselmo definía el principio del mal menor como » la elección de una conciencia perpleja ante una situación que no presenta ningún resplandor de bien «. Evidentemente la posibilidad de elegir un bien elimina la opción de aplicar el principio del mal menor. San Alfonso María de Ligorio lo resume así: » conciencia perpleja es aquella de quien, ante dos preceptos establecidos, cree pecar si elige una cosa u otra Si puede suspender el obrar, está obligado a diferirlo, mientras consulta a los competentes.

Si no puede suspenderlo, está obligado a elegir el mal menor, evitando transgredir más bien el derecho natural que el humano o el positivo divino. Si no le es posible discernir cuál sea el mal menor, haga lo que haga no peca, porque en este caso falta la libertad requerida para que haya pecado formal»,

  • Cooperación en acciones malas
  • Es necesario recordar ahora los principios generales sobre la cooperación en acciones moralmente malas.
  • En primer lugar partimos de la afirmación de que nunca es lícito desde el punto de vista moral, cooperar formalmente al mal:

A este respecto la doctrina permanente que afirma la existencia de actos intrínsecamente malos, incluso con independencia de las intenciones que se persigan, es reafirmada nuevamente en la encíclica Veritatis Splendor. El elemento fundamental para la moralidad de un acto es su objeto.

  1. Y existen objetos de la acción que son intrínsecamente no ordenables al fin del hombre mismo y su plenitud.
  2. El mismo concilio Vaticano II, en el marco del respeto debido a la persona humana, ofrece una amplia ejemplificación de tales actos: » Todo lo que se opone a la vida, como los homicidios de cualquier género, los genocidios, el aborto, la eutanasia y el mismo suicidio voluntario; todo lo que viola la integridad de la persona humana, como las mutilaciones, las torturas corporales y mentales, incluso los intentos de coacción psicológica; todo lo que ofende a la dignidad humana, como las condiciones infrahumanas de vida, los encarcelamientos arbitrarios, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; también las condiciones ignominiosas de trabajo en las que los obreros son tratados como meros instrumentos de lucro, no como personas libres y responsables; todas estas cosas y otras semejantes son ciertamente oprobios que, al corromper la civilización humana, deshonran más a quienes los practican que a quienes padecen la injusticia y son totalmente contrarios al honor debido al Creador «.

En esta línea se sitúa el fallo del Tribunal Supremo Federal que, en el año 1952, revocó la resolución absolutoria de la primera instancia judicial. Se juzgaba en aquella ocasión los actos que realizaron dos médicos durante el año 1941, que tomaron parte en la campaña gubernamental de eutanasia masiva para enfermos mentales.

  1. Durante el juicio los abogados defensores demostraron, de hecho, que si los médicos había colaborado, a sabiendas, en la elaboración de las listas de los pacientes que serían ejecutados, fue porque de esa manera consiguieron salvar a muchos de ellos.
  2. El fallo del Tribunal Supremo se expresaba de la siguiente manera: » Cuando están en juego vidas humanas, sostener la oportunidad de aplicar el principio del mal menor en atención a valores efectivos razonables, así como intentar hacer depender la legitimidad jurídica de la acción del resultado global de la misma desde una perspectiva social, se opone a la cultura que mantiene la enseñanza moral cristiana acerca del ser humano y su índole personal «.

Estos médicos fueron condenados, precisamente, por obedecer escrupulosamente las leyes vigentes y las órdenes de sus superiores, en el conocimiento de que de sus actos se seguían prácticas inhumanas e incluso la muerte de las personas. En definitiva, el motivo principal de la condena fue no haber practicado la objeción de conciencia, cuando ésta debía haber sido ejercida obligatoriamente.

  • Esto es justamente lo que en la actualidad suele describirse como fundamentalismo ético.
  • El fundamentalista ético es quien piensa que hay algo a lo que no está dispuesto, aunque esté en juego el más noble de los fines.
  • Pero en verdad existen imperativos incondicionales de omisión, es decir la omisión de una acción que es obligación absoluta.

«Ese hombre es capaz de todo» es una buena tarjeta de presentación en los regímenes totalitarios y en las bandas mafiosas. Para las personas normales en una advertencia: de esta persona no te puedes fiar. Nos correspondía recordar los principios generales sobre la cooperación con acciones moralmente malas.

Se entiende que esta cooperación se produce cuando » la acción realizada, o por su misma naturaleza o por la configuración que asume en un contexto concreto, se califica como colaboración directa en un acto contra la vida humana inocente o como participación en la intención inmoral del agente principal «.

Cuando estas condiciones se han dado, nunca es lícito participar en los actos intrínsecamente deshonestos. Quinta parte: La defensa de la vida. Se puede afirmar aquí que, incluso en la lógica utilitarista hobbesiana, no es posible escabullirse de la defensa de la vida, que constituye, de hecho, el núcleo del pacto social.

No olvidemos que si el ciudadano renuncia a defenderse por la vía de la fuerza y delega en el Estado su utilización, es precisamente con el fin de que éste garantice la supervivencia a todos los miembros de la sociedad. Por eso podemos decir también que es justamente en este punto donde se encuentra el núcleo de la relación entre ley civil y ley moral.

Su destrucción conlleva irremediablemente la destrucción del Estado de derecho mismo. En otro orden de cosas es evidente que la crisis de la moral católica está lamentablemente en relación con el extrinsecismo, de marcada matriz protestante con el que se ha mostrado la moral frecuentemente en las últimas décadas, en el convencimiento de que los actos humanos son irrelevantes en orden a la salvación de la persona.

  • Esta idea pone en tela de juicio la actualidad y validez misma de los mandamientos divinos haciéndolos meras recomendaciones o consejos a tener en cuenta.
  • Sin embargo la ley de Dios establece un mínimo debajo del cual no es posible caminar por el camino de la verdad y al mismo tiempo es un punto de partida para la verdadera libertad.

» La primera libertad es no tener delitos como homicidio, adulterio, alguna inmundicia de fornicación, hurto, fraude, sacrilegio y otros parecidos. Cuando el hombre empieza a no tener tales delitos (el cristiano no debe tenerlos), comienza a levantar la cabeza hacia la libertad; pero ésta es una libertad incoada, no es perfecta»,

  1. El respeto al mandato divino «no matarás» sienta las bases del anuncio del Evangelio de la Vida.
  2. La verdad y la belleza que este Evangelio trae superan con mucho los mínimos que nunca deben ser rebasados, pero al mismo tiempo encuentra en ellos su punto de partida.
  3. El Creador ha confiado la vida del hombre a su cuidado responsable, no para que disponga de ella de modo arbitrario, sino para que la custodie con sabiduría y la administre con amorosa fidelidad.

El Dios de la Alianza ha confiado la vida de cada hombre a otro hombre hermano suyo, según la ley de la reciprocidad del dar y del recibir, del don de sí mismo y de la acogida del otro», pero este camino lo recorreremos en otro momento. Cfr. Evangelium Vitae, 68 Rhonheimmer M.

Ética de la Procreación. Ed Rialp, Madrid, 2004 Cfr. Melina L, Noriega J, Pérez Soba JJ. «Proemio: Tesis y cuestiones acerca del estatuto de la teología moral fundamental». La plenitud del obrar cristiano: dinámica de la acción y perspectiva teológica de la moral, Ed Palabra, Madrid, 2001, pp 18 Veritatis Splendor, 75 Cfr.

Veritatis Splendor, 65 Callahan D. «Principialismo y comunitarismo» J Med Ethics 2003;29:287-9 Guillon R. «Ethics needs principles- tour can encompass the rest-and respect for autonomy should be «first amorg equals»» J Med Ethics 2003;29:307-312 MacIntyre A.

  1. Tras la virtud, Ed.
  2. Crítica, Barcelona 2001, p 308 Cfr.
  3. Gaudium et Spes, 16 Redemptor Hominis, 12.3 Veritatis Splendor, 55 Cfr.
  4. Ratzinger J.
  5. La fe como camino. Ed.
  6. Internacionales Universitarias, Madrid, 1997 Este ejemplo está tomado de la cita previa, donde se utiliza precisamente como explicación del concepto aquí tratado.

Cfr. Rerum Novarum, 121 Centessimus Annus, 44 Evangelium Vitae, 70;12 Cfr. Centessimus Annus, 44 Cfr. Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1988: l.c., 1572-1580; Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1991: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 21 diciembre 1990; Conc.

¿Por qué las normas morales no son leyes?

Según Kant, la principal diferencia entre ambas consiste en que la ley es heterónoma, mientras que la moral es autónoma. Esto quiere decir que las normas legales son establecidas por otras personas, mientras que las normas morales nos las imponemos a nosotros mismos.

¿Cuáles son los actos morales ejemplos?

7. Honrar a nuestros padres – En Que Consisten Las Normas Morales Honrar, cuidar y respetar a nuestros padres, abuelos y personas involucradas en nuestra crianza no solo es un deber moral, sino que incluso es una obligación legal en países como China. Velar por el bienestar de nuestros padres o representantes, especialmente en la vejez, es una forma de retribuir la dedicación que nos brindaron.

¿Cuál es la función de las normas en la sociedad?

¿Cómo nos ayudan las normas? – Las normas cumplen distintas misiones tanto a nivel colectivo como individual: Sirven para que funcione la sociedad Las normas tienen una gran importancia en el sistema social que hemos desarrollado. Gracias a ellas conseguimos que la convivencia de unos con otros sea posible y más llevadera.

  • Imaginemos si no un mundo sin normas de tráfico, lingüísticas o jurídicas por poner tres ejemplos.
  • Regulan y guían el comportamiento Las normas ejercen control sobre la conducta de las personas.
  • Al regular el comportamiento individual y hacer que cada persona no pueda comportarse como quiera se cuidan las necesidades de la propia sociedad.

Mantienen el orden social Las normas consiguen que un grupo amplio de humanos se mantenga unido sin que reine el caos. Obviamente, no van a hacer desaparecer los problemas de convivencia por completo pero al menos los regulan y hacen que la sociedad pueda seguir evolucionando.

  1. Otorgan cohesión a la sociedad Gracias a las normas entendemos que formamos parte de un grupo y que aceptándolas y actuando de manera coordinada lo mantenemos unido.
  2. Cuanto mayor sea la cohesión de un grupo más fácilmente éste podrá conseguir sus objetivos.
  3. Los expertos señalan, además, que la percepción que tengamos de cómo acatan las normas las figuras de autoridad repercute en gran manera en cómo las cumpliremos los demás.

Ayudan a conseguir el autocontrol individual Cuando cumplimos las normas se potencia un mayor control de uno mismo y se crea un límite no solo social sino también individual. Acatar una norma no quiere decir que no podamos estar en desacuerdo con algunas de ellas por obsoletas o porque hayan perdido el sentido en determinados contextos.

¿Por qué las normas morales son imperativas?

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Este artículo o sección necesita referencias que aparezcan en una publicación acreditada, Este aviso fue puesto el 12 de diciembre de 2011.

En derecho se considera norma imperativa a aquella norma jurídica que posee un contenido del que los sujetos jurídicos no pueden prescindir, de manera que la regulación normativa que se haga de la materia tendrá completa validez independientemente de la voluntad del individuo.

Hace referencia al modo o forma por la cual el legislador, por medio de sus competencias, establece una norma jurídica de forma imponente o por medio de sanciones dentro de un sistema normativo para su efectivo cumplimiento la cual hace que sea de inmediato cumplimiento por parte de la sociedad a la cual representa.

El concepto de norma imperativa se contrapone al de norma dispositiva, pues en este último supuesto, la norma y su contenido están supeditadas y mencionadas al principio de voluntariedad, y su aplicación está limitada a los supuestos en los que los sujetos no regulen sus relaciones en sentido distinto al dictado por la norma dispositiva.

¿Qué sirven los valores morales?

Los valores morales son aquellos valores que va adquiriendo una persona sobre la base de su experiencia. Esas normas o modos de comportamiento son heredados y transmitidos por la sociedad a los ciudadanos. Además, determinan el modo de comportarse de forma correcta o incorrecta.

  1. Los valores morales residen en una persona, pero se han transmitido a lo largo de los años.
  2. Concretamente a través de las experiencias y situaciones que ha vivido un individuo.
  3. Por lo tanto, es la sociedad la que al final los transmite y determina en su conjunto.
  4. Los valores morales son indispensables para poder diferenciar lo que es bueno de lo que no lo es o lo correcto de lo incorrecto.

En ocasiones, se pueden confundir los valores morales y los valores éticos, pero son diferentes. Los primeros son los que va adquiriendo una persona y están relacionados con la sociedad en la que vive, los segundos con su manera propia de pensar. Por lo tanto, los valores morales siempre estarán guiados y determinados por la propia sociedad en la que viva el individuo.

¿Cuál es el valor moral más importante?

7 valores humanos: lista – Cada uno de nosotros tenemos valores humanos diferentes y entre los más importantes destacan:

  • La honestidad. Supone que como personas debemos decir siempre la verdad. No significa ser hirientes, ya que la honestidad debe ir acompañada siempre de otro valor fundamental que es el respeto. Ser honesto significa ser objetivo, hablar con sinceridad y respetar las opiniones de otras personas.
  • La sensibilidad. Debemos ser sensibles ante otras personas. Esto nos permitirá ayudar, ser compasivos, utilizar la empatía y entender el dolor ajeno. Una persona sensible comprende las miradas y los gestos más allá de las palabras y sabe cuando otra necesita algo.
  • La gratitud. Estamos acostumbrados a un mundo que se mueve muy deprisa. Nos quejamos de lo que no tenemos o de lo que tenemos sin darnos cuenta de que debemos ser agradecidos, pues en nuestra vida hay muchos motivos para la alegría y para decir «gracias».
  • La humildad. Nos permite conocernos a nosotros mismos, saber que tenemos defectos y aceptarlos, entender que siempre se puede sacar una lección de todo lo que ocurre a nuestro alrededor.
  • La prudencia. En la vida, actuar con prudencia significa saber evaluar los riesgos y controlarlos en la medida de lo posible. Es importante ser prudente cuando no se conoce a otra persona o cuando no se sabe cuáles son las circunstancias de un caso.
  • El respeto, Como decíamos antes, se relaciona con la honestidad. El respeto conlleva atención o consideración hacia otra persona. Es uno de los valores humanos más importantes, ya que fomenta la buena convivencia entre personas muy diferentes.
  • La responsabilidad, Supone el cumplimiento de las obligaciones, el tener cuidado a la hora de tomar decisiones o llevar a cabo una acción. Es una cualidad que poseen las personas que son capaces de comprometerse y actuar de forma correcta.

¿Sabías que la mitad de los refugiados del mundo son niños? Cientos de pequeños en todo el mundo se convierten cada día en niños refugiados a causa de los conflictos y la violencia. Envía ayuda,

¿Cuál es la importancia de los valores morales?

¿Por qué es importante educar en valores? – ¿Puedes imaginar cómo serías si no tuvieras los valores humanos de los que hemos hablado? ¿Cómo te comportarías ante las distintas situaciones que se te presentan? ¿Cómo sería tu vida? ¿Tendría sentido? Quizá una persona sin los valores fundamentales no sabría qué hacer en cada momento, cómo dirigirse en la vida o tal vez haría cualquier cosa en cada momento sin pensar en las consecuencias.

Por ejemplo, si un vecino te molesta cada noche haciendo ruido, ¿qué serías capaz de hacer? Si tienes hambre cuando vas caminando por la calle, ¿cogerías lo que quisieras de cualquier tienda o restaurante? Es difícil imaginar cómo sería una persona sin ningún valor, ¡es casi imposible! Como ya debes estar imaginando, los valores humanos son los pilares de la humanidad.

Por eso es tan importante, No solo les ayuda a ser mejores personas, capaces de relacionarse y comportarse de manera correcta en cada momento. ¡Hay más! les aportará seguridad, confianza, fuerza, sabrán qué hacer y qué esperar de los demás. Se desarrollarán sin grandes conflictos y se convertirán en personas adultas que harán de este planeta un lugar agradable en el que vivir.